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Abriendo paso

Abriendo paso

Tras cuatro días desde nuestra llegada a Chiriaco, siento la demora en escribir mi segunda entrada pero necesitaba una buena conexión para lo logístico y una mejor desconexión para poner en orden mis ideas. La señal aquí es muy escasa y, en muchas de las ocasiones, se va la luz durante horas, por lo que nos quedamos “aisladas” en este pedacito de paraíso en el que hemos dado a parar este verano.

Antes de nada, me gustaría que os pasaseis por la sección de la página web de Taller de Solidaridad, donde todos los voluntarios escribiremos nuestras experiencias en los distintos proyectos que esta ONG tiene en Guatemala, Nicaragua, Perú, Bolivia y Colombia. ¡No os la perdáis!

Experiencias voluntariado internacional TdS 2017

Y, por supuesto, os recomiendo que sigáis a mi compañera de aventuras en su blog, donde relata nuestras experiencias con tanto detalle, que os acercará a esta vivencia con el sentimiento y emoción que pone en cada palabra que escribe.

Blog de Josefina

Pero empecemos por el principio, tras salir de Madrid el martes, entrando la madrugada, llegamos a nuestro destino el jueves por la noche. Tan ilusionadas íbamos, que el cansancio de los dos días de viaje no hizo mella en nuestras ganas de llegar a Chiriaco para conocer y trabajar en el proyecto que aquí se desarrolla.

Por tan largo camino, nos encontramos con muchas cosas que pudimos disfrutar y otras, con lo que lo hicimos quizás algo menos: un Chiclayo que me recordó a mi querida Piura, con sus colores, moto taxis y sus calles abarrotadas; un delicioso ceviche que compartimos con una tortilla de raya; la increíble tumba del señor de Sipán; un viaje en autobús que se alargó tres horas más de lo esperado; caminos tortuosos; la sierra Andina; adelantamientos sin control…

 

Y, de pronto, una vegetación distinta a la que nos habíamos encontrado hasta ese momento. Empezábamos a ver, sentir y oler que nos acercábamos a nuestro destino, gracias a la increíble vegetación, a las diferentes tonalidades de verde y a la humedad del aire al bajar la ventanilla del coche.

Finalmente llegamos a Chiriaco, un poblado que se nos antojaba pequeño y que, debido a que llegamos de noche, no vimos en su totalidad. Un lugar en el que las calles tienen sus pequeños puestecitos, locales donde se sirve comida y, sobre todo, naturaleza alrededor. Al final de una estrecha vereda nos bajamos del coche, allí nos estaba esperando Rufino, con sus dos pequeños, para cruzarnos al otro lado del rio que coge su nombre de la población que baña. Era una noche oscura y dos linternas apenas alumbraban los escalones que teníamos que bajar para alcanzar la barca. Al otro lado nos esperaba Asunta, con dos de las pequeñas que allí viven, para darnos una calurosa bienvenida como esas que sólo una mujer criada en León, pero con media vida en el Amazonas, nos podía dar.

Avanzamos por el camino, hasta el edificio de residencia de las siervas, lugar donde nosotras también vamos a residir durante nuestra estancia en Chiriaco. Allí viven y conviven cinco siervas de San José: Asunta, Teresa, Rogelia, Aurora y Elvira. Las cuatro primeras nos recibieron con una tortilla de patata  y una empanada gallega, una estupenda carta de presentación. Conversamos un poquito y pronto fuimos a nuestra habitación para recargar pilas tras dos largas jornadas.

Al día siguiente, Teresa, de origen gallego, con sus buenas dotes para la conversación nos mostró las instalaciones. Este centro acoge cerca de 500 niños y niñas de las comunidades indígenas awajunes y wampis. Los awajunes forman sus comunidades alrededor del río Chiriaco y los wampis por la región que surca el río Santiago, más alejado de aquí. La mayoría están en régimen de internado puesto que sus comunidades quedan muy lejos, en algunos casos a más de ocho horas, con trayectos río arriba en barca y caminando.

 

Las Siervas de San José llegaron aquí hace casi 50 años ya, en vista de la necesidad y dificultad que tenían estas comunidades para acceder a una buena formación para optar a un futuro mejor, con más posibilidades y oportunidades.

 

Es una zona de la selva integrada y anexa a una de las comunidades awajun. En ella, se encuentran diferentes construcciones donde las niñas y niños tienen, por separado, sus dormitorios y aulas (con sólo dos paredes, integradas en la naturaleza) y donde comparten la zona de comedor, un campo verde para jugar y reunirse, y el coliseo, una amplia zona de deporte. También utilizan, chicos por un lado y chicas por otro, dos zonas de baño, confidencias y risas en el río. Los niños pueden cursar sus estudios hasta el grado de Primaria y las niñas hasta finalizar la Secundaria.

El domingo tuvimos la oportunidad de conocer a la Ministra de Justicia de Perú, Marisol Pérez Tello, que vino acompañada de una representante de la CDIH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos), una de las dos entidades del sistema interamericano de protección de derechos humanos que tiene su sede en Washington D. C., Estados Unidos. Juntas visitaron las instalaciones, para la ministra era su cuarta vez y le mostraba con orgullo a la representante de la CDIH el trabajo que se está llevando a cabo con la población indígena de la región que, de otra manera, no tendría unas buenas condiciones de vida, ni posibilidades de desarrollo.

 

 

 

 

 

En estos días, he descubierto y sentido todo lo que estos niños y niñas tienen ganas de mostrar, la timidez de sus miradas, la amplitud de sus sonrisas, la curiosidad al tocar un pelo que no es como el suyo, el calor de los abrazos que, poco a poco, se van atreviendo a darnos y, sobre todo, su felicidad al compartir juegos y cantos.

En la próxima entrada os escribiré sobre cómo es el día a día aquí, y nuestro trabajo en tan bonito proyecto. Una vez más… ¡gracias!

 

Diana Crespo

Chiriaco – Perú, julio 2017

7 Comentarios, RSS

  • Veronica

    comenta:
    14 julio, 2017 a las 11:45 pm

    Diana, como me alegra leerte y ver fotos tuyas, disfruta la experiencia y cuídate mucho, a la vuelta nos cuentas. Un abrazo muy fuerte y besitos de María. ????????????

    • Diana

      comenta:
      20 julio, 2017 a las 11:45 pm

      ¡Verónica!Muchas gracias por escribir y leer nuestras experiencias, tengo mucho que contaros a la vuelta, esto es una maravilla. Espero que estéis disfrutando del verano. Un beso muy fuerte a los tres, en especial a la peque, dile que me acuerdo mucho de ella.

  • Ana Pizarro

    comenta:
    15 julio, 2017 a las 10:49 am

    Por fin hoy he podido ponerme a leer vuestros comentarios y experiencia. Me habéis emocionado. Lo describís fenomenal y me parece que está muy bien escrito.

    Un fuerte abrazo
    Ana

  • carmela

    comenta:
    18 julio, 2017 a las 3:26 pm

    Gracias por esa minuciosa y detallada comunicacion. Aprovechad al maximo esta rica experiencia. Alimento de otras futuras experiencias tambien comunicadas.
    Un abrazo a la leonesa Asunta. Dile que tenga paciencia. El proximo proyecto , levantamos un puente para pasar el rio. Un abrazo.

    • Diana

      comenta:
      20 julio, 2017 a las 11:47 pm

      Hola Carmela, aquí estoy con ella y te manda muchos abrazos de vuelta, se alegra mucho de saber de tí. Gracias por leer. Un abrazo

  • Inma Adan

    comenta:
    19 julio, 2017 a las 5:14 pm

    Me alegra veros tan felices compartiendo con esta gran familia que os acompaña con cariño.
    UN fuerte abrazo y gracias

    • Diana

      comenta:
      20 julio, 2017 a las 11:48 pm

      Hola Inma, muchas gracias por leer, la verdad que estamos muy contentas aquí, un abrazo.

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