La educación, clave para un consumo responsable

Son muchas las influencias externas que cada día nos impulsan a consumir, a acaparar cosas que no necesitamos, a generarnos necesidades que en realidad no tenemos. La publicidad, las redes sociales, los medios de comunicación, los grupos de referencia… ejercen tal influencia en la sociedad que, sin una formación e información clara y contrastada, las personas no tenemos margen para tomar decisiones libres y responsables.

Es la educación la que nos proporciona los conocimientos y las herramientas necesarias para descubrir que nuestro consumo tiene un impacto directo en el medio ambiente, en otras personas, en nuestras propias vidas y en la sociedad en su conjunto, y así poder actuar desde una visión crítica. El acto de consumir no es solo un derecho y una decisión individual, es también un acto de responsabilidad social.


Según la Declaración oficial de las Naciones Unidas en la cumbre de Tierra de 2002 una de “las principales causas de que continúe deteriorándose el medio ambiente son las modalidades insostenibles de consumo y producción, particularmente en los países industrializados”.

¿Sabemos si los productos que compramos son respetuosos con el medio ambiente? ¿Cómo distinguir entre realidad y publicidad engañosa cuando las empresas se declaran responsables medioambientales? ¿Conocemos las condiciones laborales de las personas que elaboran lo que consumimos? ¿Se respetan los derechos humanos y los principios de justicia social en toda la cadena de producción? ¿Sabemos qué hay detrás del precio que pagamos por nuestra ropa?

Solo si somos capaces de responder a estas preguntas, podremos consumir con responsabilidad. Solo entonces tendremos la información necesaria para realizar compras lo más solidarias y sostenibles posibles, en las que lo importante no sea solo el precio, sino la huella que individualmente dejamos en la sociedad con nuestras decisiones como consumidores, lo que implica consumir menos y mejor. Pero para ello es necesario educar desde la infancia en unos hábitos sostenibles a través de una serie de herramientas que les permitan convertirse en ciudadanos libres e informados. Porque consumir con responsabilidad implica hacerlo de forma consciente, crítica, con una visión ética, ecológica, saludable, justa y solidaria.

Desde Taller de Solidaridad, llevamos años trabajando en programas y actividades que contribuyan a esta formación y sensibilización en centros educativos, clubs deportivos y también en el seno de las propias familias. Con programas como Entreno Conciencia, la plataforma Questiónate, los quizz sobre Comercio Justo, el curso de Agentes ODS, el curso EducadODS o las Olimpiadas de la Solidaridad, entre otros muchos. Recursos que están a disposición de todo el que quiera en el apartado de nuestra web dedicado a la sensibilización y la Educación para la Ciudadanía Global (EpCG).

En TDS creemos que una infancia y una juventud informada constituyen la base de una futura ciudadanía comprometida, que conseguirá demostrar que como consumidores tenemos mucho que decir y con cada acto individual mucho que aportar.

Acciones

• Pensar si realmente necesitamos lo que vamos a comprar.
• En la medida de lo posible seguir la regla de las tres “R”: reducir el consumo, reutilizar lo que tenemos y reciclar.
• Tratar de disminuir el uso del plástico en nuestras compras, utilizar electrodomésticos eficientes, evitar tirar comida, cuidar nuestro consumo de luz y de agua. Como ejemplo, Naciones Unidas asegura que “si todo el mundo cambiase sus bombillas por unas energéticamente eficientes, se ahorrarían 120 000 millones de dólares estadounidenses al año”.
• Priorizar los productos ecológicos, de comercio justo, de proximidad, de comercio local, con menor impacto medioambiental, que generen menos residuos y que tengan una larga vida.
• Intentar conocer si las empresas que hay detrás de los productos que consumimos respetan los derechos humanos y las condiciones laborales de sus trabajadores, y se preocupan por el impacto medioambiental.

 

Pequeñas acciones que pueden demostrar los grandes beneficios sociales y medioambientales de un consumo responsable.

Beneficios

• Generar una cultura del trabajo digno, que respete los derechos humanos, en el que se ponga a las personas en el centro, y no a la producción indiscriminada.
• Respetar el medio ambiente, fomentando el uso de las energías renovables y los productos de proximidad, y abogando por poner límites a la contaminación y a la explotación de los recursos.
• Obligar a las grandes empresas a repensar sus modelos de negocio, basados más en la ética, en la sostenibilidad y justicia social, que en la feroz competencia a cualquier precio.

Por eso en TDS seguimos trabajando desde la EpCG en contribuir a formar consumidores responsables que se conviertan en los verdaderos agentes de cambio y transformación hacia una sociedad más justa, sostenible y solidaria.