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Voluntariado en Perú. Vidas con sentido

Hace más de un mes que llegué a Lima. Me encontré con una ciudad triste, pero que nos recibía con la alegría de las hermanas. Entonces prometí hablar sobre ellas, dedicarle una de mis entradas en este blog. Hoy, casi 30 días después, regreso a esta ciudad de camino a España y me dispongo a cumplir mi promesa.

Aquellos que me conocen saben que no soy lo que se dice muy religiosa, pero sí muy respetuosa, y sobre todo de mente abierta y siempre dispuesta a aprender de aquel que me quiera enseñar, y eso es lo que han hecho las hermanas, enseñarme, aunque ellas no se hayan dado cuenta.

Con ellas he aprendido el sentido de ayudar, de mirar por el que tienes al lado, de cuidar al necesitado, de relativizar nuestros propios problemas y de salir de la burbuja en la que muchos vivimos. Cada una de ellas me ha sorprendido con sus historias, me ha regalado sus vivencias, me ha enriquecido con su gran sabiduría, propia de mujeres que llevan mucho a sus espaldas. Cuando las escucho tengo la sensación de que me queda tanto por aprender… Pero gracias a ellas hoy quiero creer que soy un poco mejor persona, o al menos que lo intento.

Nunca olvidaré las delicadas manos de la hermana Ángeles, el increíble talento comunicativo de la hermana Mª Pía, los paseos nocturnos de la hermana Juana Rosa, la afición por el deporte de la hermana Florinda y su habilidad con los rosarios, la delicadeza de la hermana Luz Divina, las dotes musicales de la hermana Obdulia, la alegría de la hermana Concepción, la dedicación de la hermana Josefina, la entrega y responsabilidad de la hermana Gregoria, la amabilidad y discreción de la hermana Carmen, el tesón y dinamismo de la hermana Eufemia, y la fuerza y lucidez de la hermana Rosario.

Gracias a todas ellas por mostrarme que da igual la ideología, nacionalidad, religión o creencias. Lo que importa son las personas, sus derechos y necesidades. Que son más cosas las que nos unen que las que nos separan, que lo que realmente vale la pena son los valores de cariño y respeto que compartimos los seres humanos, más allá del lugar en el que nos encontremos o la situación a la que nos enfrentemos.

 

Añay (gracias) Siervas de San José (en Checacupe, Lima y Urcos).

Yolanda Lojo
Checacupe-Perú
22-8-2018 a 22-9-2018