Voluntariado en Perú. Wasi Nazaret: otra mirada

Nos levantamos con ganas, aunque todavía nos acompaña un leve mareo. Las hermanas nos esperan con un desayuno de esos que alegran el día y que además nos ayudará con nuestra adaptación a la altitud. Té de coca, un trozo de pan dulce y un aguacate tan cremoso que se deshace al untarlo en la tostada. El sol se cuela por las ventanas con fuerza e ilumina toda la cocina. No imagino mejor manera de empezar la jornada, si no fuera porque es demasiado pronto. A las seis y media de la mañana toca levantarse, a las siete y media desayunar y a las ocho emprender camino al centro de  Wasi Nazaret.

En tan solo unos minutos llegamos a las instalaciones de este centro de atención y prevención a la mujer y a la familia en situación de riesgo, dirigido por las hermanas y subvencionado por Taller de Solidaridad. El maltrato a las mujeres es una realidad en todas las sociedades, pero en lugares como este se convierte en un mal endémico. Es habitual que reciban abusos por parte de sus maridos o que sean abandonadas por sus parejas para irse a vivir con otra mujer y se desentiendan de sus hijos. Tampoco faltan las violaciones a ellas y a sus hijas, la entrega de niños y niñas a extraños o la trata de personas.

Me llama la atención el caso de una pequeña de ojos grandes, sonrisa sincera y gran desparpajo, a la que su madre dejó en manos de otra mujer cuando tan solo era un bebé. Por suerte, su tia pudo recuperarla y criarla como si fuera suya. Cuando ves esa cara risueña y te abraza con tanta inocencia no puedes evitar preguntarte cómo alguien es capaz de algo así.

Pero la situación de esta niña no es una excepción, todos los días llegan hasta aquí mujeres de diferentes comunidades con problemas similares, niñas que han sufrido abusos o que no tienen quién cuide de ellas. Por eso es tan importante el trabajo de sensibilización, acompañamiento y formación que se realiza desde Wasi, y que además se les da en su lengua, el quechua.

Los talleres que imparte Carmen, la psicóloga, o las consultas con Zenaida, la abogada, les dan a estas mujeres una nueva perspectiva. Les proporciona unos conocimientos y una serie de herramientas que les permite empezar a modificar su vida, aunque sea mínimamente, aunque sea lentamente.

Esa misma labor se hace también con los pequeños. El taller que se imparte por la mañana a las madres, y a algún padre que empieza a aparecer por el centro, se les da a sus hijos por las tardes. Se trata de llevar a cabo un trabajo integral con toda la familia, de mejorar las relaciones y la convivencia de todos los miembros.

Es necesario conocer para prevenir, saber para defenderse, aprender para exigir. Por eso Katty y Anita utilizan cualquier foro a su alcance para que las mujeres, las niñas y los niños conozcan sus derechos, para que no se dejen engañar, para que sepan decir NO al maltrato, para que no caigan en manos de las redes de trata de personas tan habituales en el país.

Da igual la distancia, el tiempo o el lugar. Ellas cogen sus carteles, sus folletos, sus juegos y su «parlante», como le llaman aquí al altavoz, y se van a informar. Uno de los días nos acercamos a la Feria del Q’ato Campesino, en la que los agricultores venden sus productos y que se realiza en Checacupe una vez al mes. Otro día nos fuimos a dar una charla sobre la trata de personas a un grupo de catequistas en Pitumarca, a unos kilometrós de aquí. Y siempre que pueden, o se lo solicitan, se acercan hasta las comunidades más alejadas para darles información y ver en qué pueden ayudarles.

Además de todo este trabajo, las hermanas también dirigen un comedor para los estudiantes más necesitados. Todos los días llegan a Checacupe niños y niñas de las comunidades cercanas para estudiar. Algunos tienen más de una hora de camino a pie, y para muchos la comida que les dan en el comedor es lo único que van a ingerir en todo el día.

El mantenimiento de este lugar corre a cargo de la Congregación de las Siervas y cuenta con un mínimo aporte de los padres. Aquellos que no pueden pagar traen algún alimento o vienen a cocinar. Normalmente se juntan entre tres y cuatro madres cada día para ayudar en la cocina a la Sra. Irma, la encargada de la alimentación de los chicos.

Pero aún hay más. En Wasi también se imparten unos talleres de formación para jóvenes. Se trata de una extensión del Centro Educacional Técnico Productivo (CETPRO) de Urcos (una localidad situada a una hora de Checacupe).

En este momento se dan cursos de cocina, pero para el año que viene, no solo no se podrán ampliar estos talleres, sino que probablemente se verán obligadas a cerrarlos por falta de financiación. Si no consiguen pronto nuevas ayudas, estos jóvenes se quedarán sin la posibilidad de aprender un oficio que les de una oportunidad de futuro.

Con toda esta información en la cabeza redacto estas líneas algo aturdida, no sé si por la altitud, por el baño de cruel realidad o por el cansancio de unos días que empiezan a las seis de la mañana. Lo cierto es que me cuesta conciliar el sueño y recuerdo que me quedo dormida con la sonrisa de esa pequeña de ojos grandes en mi cabeza, preguntándome cómo se puede desprender tanta alegría rodeada de tanta mezquindad.

Yolanda Lojo
Checacupe-Perú
22-8-2018 a 22-9-2018

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