Entrevista a Jessica Tocto
“Yo siempre soñé con tener algún día mi propio negocio. Trabajé durante años en restaurantes, como mesera, como cocinera, pero siempre me decía: algún día voy a tener mi negocio. Y lo hice”.
Jessica Fabiola Tocto Ramos vive en Chulucanas, Piura, (Perú), es madre de tres hijos y emprendedora. Participó en “Pensar en Grande”, un curso gratuito que hemos desarrollado a través de WhatsApp para inspirar y acompañar a las mujeres emprendedoras con las que trabajamos en nuestros proyectos de cooperación internacional.
En su negocio de comida al paso, Jessica hacía: broasters, hamburguesas, salchipapas, arroz con pollo… Un emprendimiento que nació de un sueño largamente acariciado y que recientemente ha tenido que pausar, pero solo temporalmente, para trabajar en el servicio de limpieza pública de su comunidad, un empleo que le permite obtener mayores ingresos para financiar el título profesional de su hija mayor, Ashly, que ha terminado la carrera de enfermería. “Cuando consigamos su título y ella empiece a trabajar en lo suyo, volveré a mi negocio”, asegura.
El curso que llegó en el momento justo
Fue precisamente en este momento de pausa cuando Jessica conoció “Pensar en Grande”. “Vi el título y pensé: es cierto, una a veces tiene que caminar y saltar demasiado… Me llamó mucho la atención que en cada módulo había ejemplos de mujeres emprendedoras. Eso me inspiraba”.
La metodología del curso —gratuito y a través de WhatsApp, diseñada para adaptarse al ritmo de vida de cada participante— resultó clave para Jessica, que compagina el trabajo nocturno barriendo las calles de su pueblo con el cuidado de sus tres hijos. “Dormía a mis niños y aprovechaba la noche para hacer el curso. Creo que cuando una tiene las ganas y el ánimo de hacer algo, lo puede lograr poniendo parte de sí misma”.
El síndrome de la impostora y el poder del paracaídas
Uno de los módulos que más impactó a Jessica fue “¿Cómo saltar a 10mil pies…? con paracaídas”, dedicado al síndrome de la impostora. “Claro que me identifico. En nuestra vida cotidiana siempre hay momentos de duda. Me ha pasado en algunas ocasiones donde me he sentido media bajona, pero medité, descansé, lo pensé y yo sola me di ánimos para seguir”.
Su reflexión suena a lección vital: “Si tú no te lo propones, ¿quién lo hará por ti? Me dije a mí misma: ya vamos, levántate y sigue. Y salí y seguí”.

Una comunidad de mujeres que se fortalecen
Más allá de los contenidos, Jessica destaca el valor del intercambio con otras emprendedoras de Perú y España que participaron en el curso. “Para mí fue único. Al escuchar a compañeras de otros países me sentí muy bien. Yo soy una persona que interactúa con mucha gente, y escuchando experiencias de otras personas se aprende más, porque cada una con su experiencia aprendemos unas de otras”.
Lo que más le llamó la atención fue comprobar que todas compartían el mismo sueño de emprender, pero también los mismos temores. “Siempre había el temor, la duda en casi todas. Pero lo que pasó fue que pudimos darnos ánimos entre nosotras mismas y vencer esas dudas y esos miedos”.
Pensar en grande es pensar en cambio
Después del curso, Jessica tiene más claridad sobre su proyecto. Cuando vuelva a retomar su negocio de comida al paso, tiene en mente varios cambios: variar precios, incluir nuevos ingredientes y recetas, e incluso ampliar el modelo. “Se me abre la mente a poner unas dos, tres mesitas afuera para que la gente coma ahí, no solo para llevar”.
Pero, sobre todo, Jessica ha ganado algo más valioso: independencia económica y la confianza en su propia capacidad. “Ahora soy capaz de pagar los gastos de mis hijos, de mi hogar, y darme un gustito de salir con alguna amiga a tomar un café. Tengo la capacidad de emprender algún negocio”.
Un mensaje para otras mujeres
Jessica no se guarda lo aprendido. En su comunidad, cuando ve a otras mujeres con talento y habilidades frenadas por el miedo, las anima: “Les cuento mi experiencia y les digo que se puede. Nadie lo va a hacer si tú no lo haces. Date, lánzate… o ganas o pierdes, pero ¿qué más vas a perder? Lo peor que puede pasar es que no lo logres, pero al menos lo intentaste. Y si lo logras, habrás ganado. No pierdes nada intentándolo”.
Su mensaje es especialmente claro para aquellas mujeres que aún dependen económicamente de sus parejas: “Quisiera que las mujeres que sufren violencia sepan de estas charlas y puedan acceder a ellas. Se siente muy bonito trabajar para ti misma y ganar dinero”.

Gratitud y ganas de seguir
Si tuviera que resumir su experiencia con “Pensar en Grande” en una palabra, Jessica lo tiene claro: “Gratitud”.
Y sus expectativas para los próximos módulos son altas: “Que mantengan el formato, porque estos han sido muy entendibles y fáciles al poder hacerlos por WhatsApp. Quiero ver más mujeres involucradas y compartir experiencias. Espero aprender más con los bonitos ejemplos de mujeres que emprenden día a día, porque yo nunca me cansaría de, así pasen los años, seguir aprendiendo”.
Su consejo final resuena con fuerza: “Si la idea está en tu mente, las manos y los pies son gratis, depende del espíritu que uno le ponga. No se va a empezar siempre un negocio desde arriba, se tiene que empezar desde abajo, con lo que tengas, con los accesos que tengas a mano. Si empiezas con una cuchara vas a terminar con diez. Todo es tener voluntad, corazón y creértela en ti mismo. Nada en esta vida es fácil, pero con valentía, coraje y perseverancia todo es posible. Pensar en grande es pensar en emprender”.