Cuando defender a la mujer trabajadora era una “locura”

Cuando defender a la mujer trabajadora era una “locura”

Taller de Solidaridad por el nombramiento de la madre Bonifacia como
Patrona de la Mujer Trabajadora

Siglo XIX, Salamanca. Mujer trabajadora de clase humilde que defiende el derecho de la mujer a ganarse la vida honradamente con su profesión.

Cordonera de oficio, religiosa de vocación y protectora de la mujer desamparada de condición.

Consagra su vida a crear y levantar una congregación junto al jesuita Francisco Butinyà con la misión de ofrecer trabajo a las mujeres pobres que carecían de él y trabajar codo con codo con ellas, sin hábitos que las separara.

Fue marginada por importantes sectores de la iglesia salmantina, pero ella lo tenía claro: nunca dejaría de defender a la mujer trabajadora.

Bonifacia Rodríguez era una niña más, una joven más de clase pobre en la Salamanca de mediados del siglo XIX. Como muchas mujeres de aquella época sufrió los sinsabores de la pobreza, unido a su condición de mujer. A los 15 años, la muerte de su padre les obliga a ella y a su madre a ponerse a trabajar para mantener a sus cinco hermanos. Desde muy temprana edad vive en primera persona largas jornadas de trabajo por las que recibía una tercera o una cuarta parte menos de salario que sus compañeros varones.

Pero las dificultades, el cansancio y las injusticias no minan su espíritu y sus ganas de seguir avanzando, y con 28 años monta su propio taller de cordonería, pasamanería y otras labores. Convierte este espacio en un punto de encuentro y acogida, en el que un grupo de amigas comparten sus vivencias. Un lugar en el que Bonifacia transmite su visión del trabajo como una manera de hacer a las personas más libres e iguales, y una de las mejores formas de colaborar con Dios. Así surge la Asociación de la Inmaculada y San José, con sede en casa de Bonifacia y con su nombramiento como presidenta.

Todos sus miembros provenían de clases sociales distintas y tenían edades diferentes, pero a todas ellas les unía el objetivo común de buscar respuestas a una realidad con la que no se conformaban. Era un momento de grandes cambios sociales y laborales que culminarían con la proclamación de la I República.

En medio de la Revolución Industrial, Bonifacia decide formar parte de la vida religiosa e ingresar en un convento, pero su amigo y confidente, el jesuita Francisco Butinyà, le propone algo distinto, acorde con su visión de la vida y la religión. Le insta a crear una nueva congregación que busque dar respuesta a la situación de la mujer pobre que quiere y necesita trabajar. De esta manera inicia su andadura junto a otras seis mujeres, pero lo hacen en un momento difícil, en una ciudad pequeña, artesanal y con importantes sectores de la política y la religión en contra de la república.

A pesar de la situación, las hermanas siguen adelante con las casas de la Congregación, que serán denominadas Talleres de Nazaret. Al principio, las Siervas de San José tan solo contaban con las máquinas de Bonifacia, pero poco a poco van consiguiendo otras máquinas con las que empezar a hacer pequeños trabajos que apenas les daban para sobrevivir. Además, este proyecto estaba mal visto entre los ambientes eclesiásticos salmantinos, que consideraban una “locura” esta forma de vivir volcada en la clase trabajadora y concretamente en la mujer.

Con la restauración de la monarquía y la recuperación de una iglesia más tradicional, surgen nuevos planteamientos dentro de la Congregación y Bonifacia empieza a ser marginada, lo que acabaría con su destitución como superiora. Ante lo cual, la hermana decide asumir la situación con la serenidad que le caracteriza, pero sin renunciar a sus principios, por lo que le pide al obispo fundar una nueva comunidad en Zamora.

En 1883 cierra la puerta salmantina para emprender otros caminos junto a su madre por tierras zamoranas, pero siempre fiel a su compromiso con la mujer trabajadora. Con coraje, valentía y determinación crea un nuevo taller. Los comienzos son aún más duros, sin prácticamente nada que comer, pero más firme si cabe en su convicción de trabajar por y para la mujer. Así es como, después de muchas vicisitudes, empieza a ver cómo el objetivo que tanto había anhelado se hace realidad. En el taller ya no solo trabajan para vivir ellas y las mujeres a las que apoyan, sino que ahora pueden acoger en la casa a chicas y mujeres con dificultades económicas y acompañarlas en un proceso de crecimiento en la fe, la educación y la promoción, que les permita labrarse un futuro con un trabajo digno.

En 1901, el Papa concede la aprobación pontificia de la Congregación, pero se excluye a la comunidad de Zamora. A pesar de los intentos de Bonifacia por conseguir la unión, morirá sin lograrlo. No será hasta 1907, dos años después de su fallecimiento, cuando Zamora es admitida como parte de la Congregación.

Tuvo que pagar un alto precio por mantenerse fiel a sus principios, a la misión con la que surgió la Congregación, pero ni las humillaciones, ni la incomprensión, ni los desprecios le hicieron desviarse por un momento de su lucha por dar respuesta al abandono de la mujer, a sus dificultades educativas y a su explotación laboral.

Bonifacia no es solo un referente para Taller de Solidaridad, sino que su esencia se encuentra en los orígenes y valores mismos de la misión de nuestra organización , y entendemos que su “locura” en la defensa de la mujer trabajadora puede ser el espejo en el que se miren muchas de las mujeres y los hombres que hoy en día siguen invirtiendo su tiempo y sus energías para que las mujeres pueden acceder a la educación y al trabajo en igualdad de condiciones. Para que cualquier mujer en cualquier lugar del planeta pueda forjarse un futuro digno, libre e independiente.

Desde Taller de Solidaridad esperamos, deseamos y apoyamos el nombramiento de la madre Bonifacia como Patrona de la Mujer Trabajadora. Gracias a mujeres como ella, muchas mujeres como nosotras estamos hoy aquí ejerciendo nuestro derecho a vivir de nuestro trabajo y a levantar la voz por aquellas que todavía no lo pueden hacer.

Animamos a las asociaciones de mujeres o entidades que trabajen en favor de la mujer a sumarse a la petición de este nombramiento. Escribe a victorialopezluaces@hotmail.com  para saber cómo súmate a esta petición.