De Galicia a los Andes peruanos, unidas por las abejas

Este 20 de mayo, Día Internacional de las Abejas, lo celebramos con una historia que une dos rurales, dos apiculturas y un mismo compromiso con la vida.

 

Ester Ordóñez llegó a Quispicanchi con la maleta llena de conocimiento técnico y volvió con algo más difícil de medir. “Estoy muy agradecida por haber podido participar en este proyecto tan interesante”, dice. Pero lo que cuenta a continuación va mucho más allá de la gratitud: es el relato de un encuentro entre dos mundos que, a 9.000 kilómetros de distancia, se parecen más de lo que nadie esperaba.

Ester es veterinaria apícola gallega. Su viaje a Quispicanchi forma parte del intercambio técnico que Taller de Solidaridad y la Asociación Jesús Obrero-CCAIJO han tejido en torno al proyecto apícola que impulsamos juntos en los Andes de Perú — una colaboración entre dos territorios que creen que el conocimiento gana cuando viaja. Un proyecto que articula 125 emprendimientos apícolas familiares en seis distritos de la región, sostenidos en su mayoría por mujeres y jóvenes que han encontrado en las abejas una salida real para sus familias, y que en esta segunda fase esta financiado por la Xunta de Galicia.

Las puertas abiertas de los Andes

“Nos abrieron las puertas de sus casas y sus colmenares.” Con esa frase resume Ester lo que encontró en Quispicanchi. Además de revisar colmenas a nivel sanitario —controles de varroa en cría, en abejas y con fondos sanitarios— participó en extracciones de miel, recogió muestras para análisis físico-químico, ayudó con el manejo frente a los cambios climáticos y elaboró un herbario de las cinco localizaciones de la provincia. Y en cada parada encontró lo mismo: “Mujeres y jóvenes muy animados, con muchas ansias de aprender y también con muchos conocimientos ya.”

Sobre las abejas andinas, Ester llegó con algún prejuicio técnico que la realidad desmontó rápido. “A mí me decían que las de allí eran agresivas. Las de aquí de España son mucho más agresivas, con lo cual, gratamente sorprendida.” En cuanto a la varroosis —la principal amenaza sanitaria para las colmenas en Europa—, la situación en los Andes es mejor que en Galicia: “Están bastante bien con respecto a la infestación de varroa, pero no se pueden relajar tampoco.”
De vuelta a Galicia, Ester se lleva muestras de abejas, panal y mieles para analizarlas en la Facultad de Ciencias del campus de Ourense de la Universidade de Vigo. Y es que…

«El conocimiento viaja en dos direcciones». Ester Ordóñez

Lo que Galicia y los Andes tienen en común

La pregunta que más le rondaba a Ester antes de ir era cuánto se parecería aquella apicultura a la suya. La respuesta la encontró donde menos la esperaba: no tanto en las colmenas como en las personas. “A lo mejor ahí sí que se parece un poco más a Galicia — el minifundio, la combinación de actividades. Con la apicultura, los cuyes, algo de agricultura, todo en conjunto pueden tener una renta digna y poder seguir viviendo en el campo.” En Quispicanchi, como en el rural gallego, nadie vive de una sola cosa. La apicultura no es el centro — es la pieza que puede cambiar la ecuación.

Por qué las abejas tienen su propio día

Apis mellifera es responsable del 90% de la polinización a nivel mundial. Sin ella desaparecen los frutos, las semillas, los pastos que alimentan la ganadería, buena parte de lo que llega a nuestra mesa. La miel, el polen, la cera, el propóleo, la jalea real son los productos más visibles de su trabajo — pero la polinización, invisible, es el más vital. En Quispicanchi, las colmenas no solo producen miel: mejoran las cosechas de las familias vecinas y sostienen una biodiversidad que el cambio climático ya está poniendo a prueba.

 «Hay que recordar la importancia de estos seres vivos, que son indispensables y que cada vez más deberíamos actuar como las abejas, ser menos individualistas y pensar en el bien común de la sociedad». Ester Ordóñez

Y es que cuidar a las abejas es cuidar la vida