Día Mundial de los Docentes

El 5 de octubre, Día Mundial de los Docentes, se ha convertido en una ocasión para reflexionar sobre las maneras de hacer frente a los desafíos pendientes en la enseñanza, sin dejar de poner en alza el valor que el profesorado representa para la ciudadanía.

En estos momentos, en los que la Covid-19 nos hace caminar por una normalidad nada normal, la figura de dichos profesionales juega un papel relevante. Desde marzo, los cerca de 900.000 profesores y profesoras de las diferentes etapas educativas en España, desde infantil hasta universitaria, han tenido que adaptar el sistema de aprendizaje en un contexto que cambia por instantes.

En la vuelta al cole, en septiembre de 2020, todas y todos vuelven a la carga, no sin incertidumbre, pero sí con muchas ilusiones puestas. Mascarillas, distancias, geles hidroalcohólicos y normas preventivas se hacen hueco, pero no hay nadie que cambie el sentir y el espíritu de quien lleva en vena la pasión por la enseñanza.

En Taller de Solidaridad, gracias a sus 180 voluntarios y voluntarias, contamos con numerosos docentes de infantil, primaria, ESO, bachillerato y ciclos formativos. Docentes que llevan la educación por profesión, una mochila cargada de valores y miles de propuestas. Hoy queremos agradecerles su papel, antes, siempre y sobre todo ahora, donde las preguntas sin respuestas están a la orden del día.

Nos lo cuenta Marta, profesora del Ciclo Superior de Integración social en el Colegio Plurilingüe San José de la Guía en Vigo, y coordinadora del comité de voluntariado de TdS: “En los 21 años que llevo de docencia, este curso ha sido con diferencia el más complicado de abordar. Iniciamos con incertidumbre, con barreras nuevas y antinaturales en el entorno escolar. Pero ya necesitábamos encontrarnos y recuperar el espacio. Creíamos que, con tantas particularidades, muchas cosas iban a perderse. Pero la realidad ha sido otra.  Todo lo importante sigue; el crecer y aprender acompañados, las risas, las voces, la diversidad, la participación… Una vez hemos estado de nuevos juntos, juntas y superadas nuestras dudas iniciales, contamos con una gran capacidad de adaptación para afrontar como colectivo retos que hacen que la escuela mantenga su esencia”.

Pero la situación de la pandemia azota a todos los países, especialmente a aquellos en el que los medios económicos son menores. Pero la capacidad de reinventarse del profesorado no entiende de fronteras, sino de personas que creen en el valor de la educación como la base de todo, como la semilla de la transformación social. Nos lo dice Rusbell Idalmy, docente activa en apicultura en el Centro de Educación Alternativa Rural del INPRHU en Nicaragua, donde cada día alumnos y alumnas acuden al centro de educación alternativa rural: “el trabajo docente ha sido resiliente y adaptado a las circunstancias. Es un compromiso como docente conocer el entorno familiar en que viven las estudiantes, es por ello que realizo un seguimiento continuo en sus hogares, promoviendo el involucramiento de la familia, en el que se concientiza sobre la puesta en práctica de valores y cualidades dentro del ámbito familiar”.

Por otro lado, y una vez más, esta emergencia sanitaria hace mayores estragos en las mujeres y en las niñas que sufren una doble vulnerabilidad que, inevitablemente, las deja muy atrás, aumentando la brecha educativa de género. Para ello seguimos contando con ejemplos como Lucrecia, Sierva de San José y coordinadora del Centro de Educación Técnica Productiva de Urcos, donde se responde a la necesidad que sufre la población adolescente, joven y a personas adultas, especialmente mujeres, que generalmente provienen de comunidades campesinas, que no tienen acceso a estudios superiores, brindándoles la oportunidad cada año a 75 jóvenes para que continúen su formación especializada. Ella nos comenta que: “Ser docente en un país inmensamente rico en diversidad, con el contraste de una pobreza que hiere el corazón y desnutre los sueños, es un desafío monumental. El maestro sube a la puna, surca los ríos, camina trochas, se sumerge en el desierto, ahí donde el niño o el joven no tienen conectividad y mientras va o regresa el virus Lo alcanza y le arranca la vida. Y seguimos.”

En toda esta situación, y a pesar de las dificultades, hemos podido contar con centros externos a Taller de Solidaridad que han puesto en práctica algunas de las actividades propuestas por la Fundación para trabajar la educación en valores trayéndonos de vuelta actividades maravillosas, de la mano del alumnado más juvenil. Así nos los relata Juan Luna, profesor de educación Física en primaria del Colegio La Asunción de Asturias: “Está siendo un periodo complicado por la cantidad de medidas organizativas y protocolos de seguridad que implantar y desarrollar, pero el acento, el mayor reto, y la mayor responsabilidad, era que la vuelta al colegio sirviera para poner alegría allá donde las mascarillas han tapado las sonrisas. Que las aulas de nuestro colegio sirvieran para recuperar los juegos, las canciones, las lecciones…y que la vuelta al colegio nos sirviera también para tomar conciencia crítica de lo que esta pandemia ha cambiado nuestras vidas en aspectos prácticos, complicaciones con horarios, costumbres…pero como en otros muchos aspectos, esta pandemia no solo no ha cambiado nada o ha servido para disminuir las desigualdades en el mundo…el periodo de confinamiento también supuso una oportunidad para hacer un trabajo en valores desde otra perspectiva a la habitual,  aprovechando las actividades de #yomequedoencasa y ahora, tenemos que ir recogiendo y continuando ese trabajo durante este curso escolar”” Junto con este centro educativo asturiano, ya son más de 1800 entidades educativas en toda España las que se han puesto manos a la obra con la educación en valores, gracias a la campaña de #YoMeQuedoEnCasa, puesta en marcha por TdS con motivo de la pandemia y el cierre de centros escolares.

Hablamos de momentos inciertos, llenos de cuestiones, pero con una certeza que recorre nuestro trabajo, como es el valor humano y profesional de las personas que conforman el cuerpo docente y que desde Taller de Solidaridad tenemos la suerte de seguirlo muy de cerca.

Resistencia, empatía, solidaridad y buen hacer son las características de las personas que hoy nos representan en este día. Valores, esfuerzo y dedicación los acompañan.

La educación es la clave para el desarrollo personal y el futuro de las sociedades. Abre oportunidades y reduce las desigualdades. Constituye los cimientos de las sociedades informadas, tolerantes y es un motor fundamental del desarrollo sostenible. La pandemia del COVID-19 ha causado la mayor disrupción que ha sufrido nunca la educación.

Se requieren soluciones innovadoras, recursos y tiempo, pero también paciencia y buena voluntad. Juntos podemos conseguir superar este bache educativo y convertirlo en una oportunidad de aprendizaje.

Una vez más, GRACIAS POR TANTO, PROFESORES Y PROFESORAS

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