Las guardianas invisibles: las mujeres indígenas que sostienen el planeta

Este 5 de septiembre, Día Internacional de la Mujer Indígena, ponemos el foco donde siempre debería haber estado: en las mujeres que cuidan la tierra, transmiten el conocimiento ancestral y lideran el cambio desde sus comunidades.

Gladys Arrobo Gómez tiene 30 años y fue la primera mujer awajún en dirigir el Servicio Agropecuario para la Investigación y Promoción Económica (SAIPE), en la Amazonía peruana. Creció entre chacras y ríos, sufrió discriminación por sus raíces indígenas cuando salió de su comunidad a estudiar, y hoy es referente para las mujeres de su territorio. «Siempre he tenido claro que mi identidad es awajún y así me reconozco», dice. Para ella, asumir la dirección de SAIPE en su momento no fue solo un logro personal: «Significa convertirme en un punto de referencia para que otras mujeres de mi territorio también se sientan capaces de asumir liderazgos y transformar nuestra realidad.»

Que una mujer como Gladys llegue donde ha llegado debería ser lo normal. Que sea noticia dice mucho de lo que aún queda por cambiar.

Lo que el mundo les debe

Los pueblos indígenas, que representan apenas el 5% de la población mundial, protegen el 80% de la biodiversidad que aún queda en el planeta. Y dentro de esos pueblos, son las mujeres quienes guardan las semillas, conocen los ciclos del bosque, saben qué planta cura y cuál nutre, y transmiten ese conocimiento de generación en generación. Sin embargo, el mundo apenas las ve.

Sus ingresos representan en promedio apenas el 26% de los de las mujeres no indígenas. Entre las mujeres indígenas, casi 1 de cada 3 trabaja sin remuneración en negocios familiares y solo el 29% accede a un empleo asalariado. Ser mujer e indígena significa enfrentarse a barreras superpuestas de género, etnicidad y clase. Nombrarlas, reconocerlas y hacer visible su contribución no es solo un acto de justicia — es una responsabilidad colectiva que la sociedad tiene pendiente.

Lo que ellas guardan

En las comunidades maya q’eqchí de Sayaxché, en el norte de Guatemala, las mujeres son quienes sostienen la alimentación familiar, cuidan los huertos, preservan las semillas y conocen el territorio. En Telpaneca, Nicaragua, las mujeres indígenas chorotegas como Eveling Vildad Pérez Díaz han convertido su conocimiento tradicional en motor de autonomía económica. En la Amazonía peruana, las mujeres awajún conocen los tiempos de siembra, la rotación de cultivos y la importancia de la diversidad en la chacra. «Las mujeres indígenas aportan un conocimiento profundo y una sabiduría ancestral en la gestión y conservación de la biodiversidad amazónica», explica Gladys. «Gracias a ellas se preservan semillas nativas y se mantiene una agricultura sostenible y equilibrada con la naturaleza».

Mientras el mundo debate cómo frenar el cambio climático, ellas llevan siglos practicando las respuestas. La crisis de los cuidados y la crisis climática están profundamente entrelazadas — y afrontarlas exige reconocer los derechos y las voces de las mujeres indígenas como cuidadoras de la vida, guardianas de la biodiversidad y protagonistas en la protección del planeta. Algo que ONU Mujeres, CEPAL y los principales organismos internacionales de biodiversidad llevan años reclamando.

Lo que están construyendo

En Bolivia, mujeres quechua migrantes que llegaron a Ushpa-Ushpa sin saber leer ni escribir hoy lideran cooperativas de ahorro, gestionan sus propios emprendimientos y forman a otras. En Guatemala, los Comités Comunitarios de Mujeres q’eqchí participan en la toma de decisiones de sus comunidades y lideran campañas de reforestación. En Perú, Gladys abre caminos para que otras mujeres awajún puedan hacer lo mismo que ella. El futuro que el mundo necesita no está por llegar — en muchas comunidades indígenas, ya está aquí, en manos de ellas.

«Nunca se rindan, siempre lleven consigo nuestra cultura, porque en ustedes está el futuro de nuestro pueblo. Ser indígena no significa quedarse atrás; tenemos los mismos derechos que cualquier ciudadana.» Gladys Arrobo Gómez · Primera mujer awajún directora de SAIPE.

25 años caminando juntas.

Una mujer que cambia transforma a las que la rodean.
Las que la rodean transforman su comunidad.
Las comunidades transforman estructuras.