Jesús García-Consuegra, coordinador de cooperación de Taller de Solidaridad, recorre el norte de Nicaragua junto a nuestra socia local INPRHU-Somoto para conocer de primera mano el impacto de los proyectos Jóvenes Constructores y Mujeres Indígenas Chorotegas en la zona.
“Los índices de violencia se combaten con valores”. Líder comunitario de Santo Domingo, Telpaneca.
Llevamos casi 25 años caminando junto al INPRHU-Somoto en el norte de Nicaragua, impulsando oportunidades y medios de vida dignos para mujeres y jóvenes rurales. Este mes, Jesús ha viajado hasta allí para recoger algo difícil de plasmar en un informe: ver, escuchar y sentir lo que ocurre en una comunidad cuando las mujeres se convierten en agentes de cambio.
El viaje forma parte del seguimiento de dos proyectos que apoyamos en la región: Jóvenes Constructores, centrado en el fortalecimiento de la agroindustria local y el emprendimiento agroecológico en 15 comunidades del Corredor Seco Centroamericano, y el proyecto de apoyo a Mujeres Indígenas Chorotegas en Telpaneca.
Construir juntas la hoja de ruta
El primer día no hubo salida al campo, todo se hizo en torno a una mesa. Jesús compartió espacio con el equipo directivo y técnico de INPRHU para trabajar en el seguimiento de proyectos, nuevas ideas y posibles alianzas. La jornada terminó con un ejercicio colectivo clave: construir la teoría de cambio y las bases del próximo plan estratégico de la organización.
Escuchar, aprender y construir en conjunto. Así entendemos la cooperación: no como una relación entre quien da y quien recibe, sino como un camino compartido entre organizaciones que llevan décadas construyendo confianza.
Santo Domingo, Telpaneca: autonomía económica y nuevas masculinidades
En la comunidad de Santo Domingo, en el municipio de Telpaneca, 20 mujeres jóvenes emprendedoras están llevando sus negocios un paso más allá. Apicultura, confección, cosmética, batidos… iniciativas diversas que crecen gracias a su organización en Grupos de Auto Ahorro y Préstamos, con el apoyo de la Fundación “la Caixa”.
Pero más allá de los emprendimientos, lo que Jesús encontró en esa comunidad fue un cambio que hace poco parecía impensable: jóvenes que están cuestionando el machismo desde dentro de su propia cultura, abriendo conversaciones sobre nuevas formas de entender las masculinidades. Un proceso lento, frágil a veces, pero real.
“Los índices de violencia se combaten con valores”. Con esta frase resumió la jornada un líder comunitario de Santo Domingo. Pocas veces se sintetiza tan bien por qué este trabajo importa.
Cinco emprendimientos, una misma historia de fondo
En la siguiente jornada pudo conocer cinco emprendimientos —individuales y colectivos— liderados por mujeres participantes en el proyecto Jóvenes Constructores. Cada uno, distinto en forma; todos, parte de un mismo proceso de fortalecimiento.
Una cooperativa de apicultoras ha dado un paso más allá de la producción: ha puesto en marcha un tour turístico apícola que combina generación de ingresos con educación ambiental, abriendo una nueva fuente de valor en el territorio. En esa misma línea, una emprendedora local ha impulsado un museo apícola que ya forma parte de la ruta turística del Geoparque Río Coco de la región, contribuyendo a poner en valor los recursos y la identidad del lugar.
En el ámbito de la transformación de productos, dos emprendedoras elaboran hidromiel —un licor artesanal a base de miel y frutas— que ya comercializan a nivel local y regional. Y una joven productora de cosmética natural a base de miel ha sido recientemente reconocida en un concurso nacional, un logro que habla de la calidad y el potencial de estas iniciativas rurales.
Pero fue el testimonio de Doña Mayela del Carmen —productora de harina multicereal elaborada con granos básicos de la zona y polen— el que dejó una huella más profunda:
“Me siento agradecida con Dios y con el INPRHU. Antes mi hijo tenía que vender dos huevitos para conseguir plata para el pasaje a Managua, donde estudia los sábados en la Universidad. Ahora, con las ganancias que genero, me da para esto y mucho más”.
Eso no es un resultado puntual. Es un cambio de base.
Yalagüina: nombres, historias, dignidad
En este municipio de Madriz llevamos desde 2022 trabajando para fortalecer la agroindustria local y generar oportunidades para jóvenes —especialmente mujeres—. Pero más allá de los datos, Jesús se llevó historias.
La de Chepito y Tamara, que siguen dando vida al banco comunitario de semillas creado gracias al proyecto. La de Yahoska, con su tienda en El Chagüite, construyendo futuro junto a su familia. La de Olania, que a las 10 de la mañana ya había vendido 230 tortillas. La de Glenda, con sus dulces para la comunidad.
Y la de Tamara Faviola, que emocionó a todos compartiendo su emprendimiento de café —desde el grano hasta el empaquetado— con un orgullo que contagia. Tamara es una de las protagonistas de De niñas a leyendas. 15 historias de emprendimiento femenino, el libro de nuestro proyecto Enredadas, en el que se recogen historias como la suya: la prueba de que el trabajo sostenido y las oportunidades reales transforman vidas.
Agua, cultura y territorio: el Geoparque Río Coco
Los últimos días del viaje llevaron a Jesús a conocer proyectos de agua, cultura y arte popular, y turismo comunitario en torno al Geoparque Río Coco de la región. Una jornada que, según sus palabras, fue especialmente impactante.
Antes de la construcción de los pozos impulsada por INPRHU, muchas familias —casi siempre las mujeres— caminaban hasta dos horas cada día para recoger agua. Hoy, esos proyectos están cambiando vidas de forma radical y silenciosa, sin titulares, pero con un impacto que se mide en tiempo recuperado, en salud, en dignidad.
En Icalupe, la comunidad ha apostado por la creatividad, el rescate cultural y el turismo comunitario como herramientas para mejorar sus condiciones de vida, convirtiéndose en un referente en la región.
Doña Enriqueta, de la comunidad La Carbonera, lo resumió todo en una frase:
“Los proyectos son de las mujeres, los beneficios son para todos”.
Cuando los proyectos echan raíces
El último encuentro del viaje fue también el más revelador sobre lo que puede ocurrir cuando el acompañamiento es sostenido y la confianza se construye a lo largo del tiempo. Jesús se reunió con la Cooperativa Jóvenes Constructores de Madriz, nacida en 2017 al calor del impulso de Taller de Solidaridad y del compromiso de instituciones como la Xunta de Galicia y la Comunidad de Madrid. Lo que empezó como un grupo de jóvenes apicultores es hoy una cooperativa con 22 mujeres y hombres trabajando juntos, generando oportunidades en su comunidad. Víctor lo tiene claro: “Somos hijos del Proyecto Jóvenes Constructores”.
También compartió tiempo con la Cooperativa Jóvenes Emprendedores de Madriz, ejemplo vivo de lo que significa crecer con autonomía: 37 cooperativistas que trabajan con casi 450 productoras y productores. De vender miel en botellas reutilizadas a gestionar su propia producción y diversificar actividades. Allí estaba Yeison, a quien Jesús conoció hace 16 años dando sus primeros pasos. Hoy es reflejo de lo que se puede lograr con esfuerzo, constancia y el acompañamiento cercano de nuestra socia local, INPRHU-Somoto.
Lo que nos llevamos
Hay cosas que no caben en un informe. El tiempo que una mujer recupera cuando ya no tiene que caminar dos horas para buscar agua. El orgullo con el que Tamara Faviola enseña su café empaquetado. Las 230 tortillas que Olania ya había vendido a las 10 de la mañana. La trayectoria de Yeison, que en 16 años ha pasado de dar sus primeros pasos a liderar una cooperativa.
Pero este viaje nos recuerda algo más que el impacto de los proyectos. Nos recuerda cómo creemos que debemos trabajar para que la cooperación tenga un impacto real y sostenido en las comunidades.
Porque la cooperación que practicamos no se diseña desde los despachos. Se construye desde el inicio junto a las organizaciones socias y las propias protagonistas, que no son beneficiarias pasivas sino voces imprescindibles en cada fase: cuando formulamos, cuando ejecutamos y cuando evaluamos. Sin esa horizontalidad, sin esa escucha real, los proyectos pierden raíz y los resultados, profundidad.
Por eso son tan importantes las visitas a terreno. No como trámite de seguimiento, sino como parte esencial de cómo entendemos la cooperación. Porque es allí, en las comunidades, donde se revelan los matices que ningún indicador recoge. Donde Doña Enriqueta te dice que los proyectos son de las mujeres y los beneficios son para todos. Donde un líder comunitario te recuerda que los índices de violencia se combaten con valores. Donde entiendes, de verdad, qué funciona, qué falta y cómo seguir mejorando.
Después de 25 años caminando junto al INPRHU-Somoto, seguimos convencidas de que la transformación real solo ocurre cuando las personas que la protagonizan tienen voz, capacidad y oportunidades. Y de que nuestro trabajo tiene sentido en la medida en que somos capaces de escuchar, aprender y acompañar desde cerca.