«Se puede salir. Ahora soy presidenta de una red de mujeres y tengo mi propio negocio»

La historia de Lidia Inga es la historia de miles de mujeres. Esta lideresa comunitaria peruana, participante del proyecto Juntas por la Igualdad, viajó este mayo a España, y volvió con la certeza de que la cooperación es un camino de ida y vuelta.

Hace ocho años, Lidia Inga de la Cruz se sentaba siempre en la última fila. Le daba miedo participar. Había entrado en una red de mujeres de Chulucanas porque era víctima de violencia psicológica, y lo que encontró allí — otras mujeres, formación, un espacio donde su voz importaba — fue cambiando todo, despacio. Este mayo ha cruzado el Atlántico para contarlo. Durante dos semanas, en cuatro ciudades, ante personas muy distintas entre sí — y en todas partes ha encontrado lo mismo: mujeres que al escucharla se han reconocido en su historia.

Tres territorios, cientos de mujeres, una misma dirección

Junto a Lidia viajó Jessy Castillo, coordinadora del área de incidencia de Cutivalú, la socia local peruana con la que trabajamos en Piura en los proyectos Juntas por la Igualdad, financiado por la Generalitat Valenciana y Sembrando Libertad, que cuenta con el apoyo de la Xunta de Galicia. Dos semanas, tres territorios, decenas de encuentros — y en todos ellos, el mismo descubrimiento: mujeres muy distintas, que vienen de realidades muy diferentes, enfrentándose a problemas similares con respuestas muy parecidas.

Lo más revelador no fueron las diferencias sino los parecidos. En una aldea gallega y en una comunidad rural de Piura, en una organización feminista de Lugo y en una red de mujeres de Chulucanas, en la voluntaria valenciana que fue a Perú y volvió queriendo cambiar algo desde aquí — en todos esos lugares había mujeres apostando por la autonomía como herramienta de cambio, construyendo redes de apoyo, empujando para que su voz llegue a las instituciones. Distintos caminos, la misma dirección.

«Pese a que estamos en lugares diferentes, hay muchas similitudes que nos conectan y nos siguen enredando en este camino de la prevención de la violencia y la igualdad de género». Jessy Castillo. Coordinadora del área de incidencia de Cutivalú

Una mujer que ya no se sienta en la última fila

En Alicante, el Diario Información entrevistó a Lidia. Le preguntaron qué le gustaría que entendiera la gente de aquí sobre las mujeres rurales de Piura. «Me dicen que quieren ser como nosotras, fuertes después de todo lo que hemos pasado», respondió.

«El mensaje que les traslado es que los sueños se hacen realidad, que nada es imposible y que no callen. Si sufren violencia, que lo digan, porque siempre hay una mano que puede ayudarles a salir adelante.» Lidia Inga de la Cruz. Emprendedora y lideresa comunitaria.

Su historia lo demuestra. Gracias al proyecto, montó una juguería — Mis 3F, las iniciales de sus tres hijos — y en 2025 renunció al subsidio del Estado peruano para vivir solo de lo que ella misma genera. Hoy es presidenta de la Red Provincial de Soporte y Acompañamiento a Víctimas de Violencia de Morropón-Chulucanas e impulsa ordenanzas para que las mujeres de su comunidad tengan un espacio donde se escuche su voz. Para los jóvenes que la escucharon en España, Lidia se convirtió en un poderoso referente: la prueba de que es posible.

Cuando las mujeres se fortalecen, todo cambia

Uno de los aprendizajes más sólidos que Cutivalú y Taller de Solidaridad hemos construido juntas a lo largo de estos años es que la autonomía económica no es solo una herramienta de desarrollo — es una herramienta de protección. Cuando una mujer tiene ingresos propios, redes de apoyo y capacidad de decisión, las condiciones para salir de una situación de violencia cambian radicalmente. No es una teoría. Es lo que Lidia vivió, y lo que demuestran los proyectos en Piura cada día.

«Estos días pude conocer experiencias que demuestran que la autonomía económica es una herramienta clave para avanzar en la igualdad de género y prevenir la violencia», dice Jessy. Lo dice después de dos semanas escuchando a mujeres de realidades muy distintas llegar, cada una a su manera, al mismo sitio.
Porque la cooperación real no fluye en una sola dirección: Lidia y Jessy se llevan tanto como dejan.

«Llevo herramientas y experiencias que deseo replicar en Piura», dice Jessy, «no solo en Juntas por la Igualdad, sino en todos los proyectos que venimos trabajando desde Cutivalú. Para que más mujeres desarrollen sus emprendimientos, fortalezcan su autonomía y tengan una participación más activa en el desarrollo de sus territorios». Jessy Castillo 

Y Lidia, de vuelta a Piura, ya sabe lo que hará: «Compartiré todo lo aprendido a la Red de Mujeres. Les motivo a caminar juntas, aprendiendo unas de otras, enredadas por el cambio.»

Conoce las iniciativas en las que participa Lidia