Solas llegamos rápido. Acompañadas llegamos lejos

El trabajo en red: clave para multiplicar el impacto social

“Caminar, aprender juntas y apoyarnos entre mujeres es una forma poderosa de crecer”. Así lo cuenta Rous, técnica de campo de INPRHU-Somoto, nuestra socia local en Nicaragua. Sus palabras resumen algo que hemos comprobado una y otra vez en Taller de Solidaridad: trabajar en red no es solo una estrategia, es una necesidad que nos hace más fuertes.

Y no somos las únicas que lo pensamos. El Barómetro del Tercer Sector de Acción Social 2024, presentado por la Plataforma de ONG, lo confirma con datos: las entidades cooperan principalmente con otras organizaciones sociales porque, con recursos limitados, el trabajo en red es la única vía para reforzar su capacidad transformadora.

Un sector con músculo

El tercer sector de acción social en España representa el 1,44% del PIB. Esto se traduce en cerca de 19.000 millones de euros anuales, más de 609.000 personas empleadas —de las cuales 7 de cada 10 son mujeres con formación universitaria— y 1,5 millones de personas voluntarias. Las cifras hablan por sí solas: estamos ante un motor económico y social que realiza casi 47,5 millones de intervenciones anuales.

Otros estudios, como el informe sobre la evolución del Tercer Sector de Acción Social elaborado para la Fundación Botín, apuntan además a un crecimiento sostenido de la actividad (en torno al 11%) y del empleo (15%), con un alto nivel de cualificación profesional: casi 7 de cada 10 personas empleadas cuentan con estudios universitarios.

Unas cifras que aportan claridad sobre el sector, pero que no nos pueden apartar del verdadero valor de nuestro trabajo: las personas acompañadas, las comunidades apoyadas y los procesos que generan oportunidades reales de vida.

Cambiar el foco: del protagonismo al impacto colectivo 

Un trabajo que multiplica su impacto y se vuelve más sostenible cuando varias entidades suman fuerzas, conocimientos y experiencias. No se trata de quién lidera un proyecto, sino de qué está cambiando, a quién estamos llegando y cómo podemos hacerlo mejor. Implica cambiar el foco y para Taller de Solidaridad, esta filosofía no es teoría, es práctica diaria.

Un ejemplo claro fue la actividad realizada con la asociación cultural La Kalle y la participación de Aires de Alondra, junto con Lily Gálvez, emprendedora migrante afincada en Madrid. Este encuentro fue posible gracias a la suma de cada entidad, que aportó desde su lugar, creando un espacio seguro y cercano donde compartir experiencias, aprendizajes y realidades diversas.

 
Compartir sin perder identidad 

Colaborar también significa reconocer que no lo sabemos todo ni lo podemos todo. Cada entidad tiene una trayectoria y un saber hacer propio. Compartir comunidades no es perder identidad, es enriquecerla.

La colaboración con Economistas sin Fronteras ha sido especialmente significativa. A través de una actividad conjunta, unimos las comunidades de ambas entidades y diseñamos un espacio formativo donde cada una aportó valor desde su experiencia. El resultado fue un contenido más completo, más útil y transformador para las personas que participaron en las diferentes sesiones.

 
Redes territoriales: fortalecer desde lo local 

El trabajo en red también se articula a través de nuestra participación activa en entidades que nos permiten sumar voces, compartir aprendizajes y fortalecer el sector desde lo territorial. Nuestra implicación en la Coordinadora Galega de ONGD, la Coordinadora Valenciana de ONGD o REDES (Red de Entidades para el Desarrollo Solidario) son ejemplos de esta apuesta por tejer alianzas desde la proximidad y la coherencia.

Estas redes nos conectan con otras organizaciones que comparten retos similares, nos permiten amplificar nuestro mensaje y nos ayudan a incidir de forma más efectiva en políticas públicas que afectan al tercer sector y a las comunidades con las que trabajamos.

 
Agrupaciones con largo recorrido 

Más allá de colaboraciones puntuales, en Taller de Solidaridad hemos consolidado procesos de trabajo estable con varias asociaciones y fundaciones de cooperación internacional.  Estas agrupaciones, construidas con paciencia y confianza mutua, nos permiten desarrollar proyectos de mayor alcance, compartir conocimientos especializados y generar sinergias que benefician directamente a las comunidades con las que trabajamos en terreno. Trabajar de forma agrupada no solo fortalece nuestra capacidad técnica y financiera, sino que también enriquece nuestra mirada y nos desafía a aprender de otras formas de hacer y de entender la cooperación internacional.

El reto de la financiación: promover la colaboración, no penalizarla 

Hablar de alianzas sin hablar de recursos sería incompleto. El Barómetro 2024 revela que, aunque alrededor de la mitad de las entidades cierran con superávit, una parte significativa apenas logra equilibrar sus cuentas, con tensiones de liquidez en muchas organizaciones. La financiación pública se sitúa en torno a la mitad de los ingresos totales, mientras gana peso la vía de donaciones y prestación de servicios.​

En este contexto, muchas veces las entidades sociales competimos por los mismos apoyos financieros, técnicos o institucionales. Por eso, es fundamental que las administraciones, los financiadores y agentes clave promuevan modelos de apoyo que fomenten la colaboración y no la penalicen. Facilitar modelos colaborativos —tal y como se viene haciendo a través de consorcios o agrupaciones— contribuye a una mayor profesionalización, innovación y eficiencia del sector. El informe “Calidad del empleo en el Tercer Sector” (2023) destaca que es indispensable priorizar la concertación social que regule la colaboración con las administraciones públicas y ampliar las fuentes de financiación para garantizar la sostenibilidad del sector.​

Una llamada al sector empresarial: alianzas estratégicas para el cambio social 

Según este Barómetro 2024, 8 de cada 10 entidades consideran necesario contar con las empresas privadas como aliadas estratégicas de cara al futuro. La innovación social se produce mediante la colaboración con otros sectores: con el empresarial, creando sinergias que aportan valor y beneficio a ambas partes; y con la Administración Pública, contando con su apoyo para desarrollar un marco regulador actualizado y adecuado a las necesidades presentes del tercer sector.

Para las empresas que buscan colaborar con el tercer sector, el trabajo en red ofrece garantías de transparencia, eficiencia y mayor impacto. Pero estas alianzas deben construirse desde el respeto y la coherencia. No se trata de convertirnos en un “comodín” para que las empresas cumplan con sus políticas de responsabilidad social, sino de crear relaciones honestas, a largo plazo, donde todas las partes aprendamos y aportemos.

Según un estudio de Fundación Lealtad, 3 de cada 4 empresas tienen muy en cuenta la acreditación de las ONG para decidir con quién colaborar, y 8 de cada 10 consideran que sus colaboraciones son más eficientes y satisfactorias cuando trabajan con organizaciones acreditadas.

La fuerza de caminar juntas 

Trabajar en red no es fácil. Requiere tiempo, confianza, escucha y generosidad. Pero también abre la puerta a procesos más justos, más humanos y transformadores. Volviendo a las palabras de Rous: “Caminar, aprender juntas y apoyarnos entre mujeres es una forma poderosa de crecer y de impulsar procesos de cambio en nuestra comunidad”. Eso es exactamente lo que hemos comprobado en Taller de Solidaridad: cuando caminamos acompañadas, el impacto crece y los aprendizajes se multiplican.

Los datos del Barómetro 2024 confirman que las entidades necesitan cooperar para reforzar su capacidad transformadora. Y esta necesidad no es una debilidad, sino una fortaleza.

Porque solas podemos avanzar rápido, sí. Pero juntas, juntas de verdad, podemos llegar mucho más lejos.