El II Rastrillo Solidario del Comité de Voluntariado de Ourense demostró que la solidaridad llega mucho más lejos que una mesa de segunda mano.
En Afundación ABANCA de la Alameda de Ourense había ropa, libros y artesanía. Había bolsas hechas con bricks de zumo reciclados llegados desde Filipinas y productos de comercio justo. Música en directo, abrazos opcionales y un vasito de té para refrescarse. Pero sobre todo había personas — personas de Ourense que ese día eligieron hacer algo concreto por mujeres que nunca han pisado su ciudad.
Y eso, precisamente, es lo que mueve al Comité de Voluntariado de Ourense. Porque no se trata solo de recaudar, sino de conectar. «Lo que planteó desde el principio TDS fue la búsqueda de sensibilización y formación, antes que temas puntuales de dinero», explican desde el comité.
«El rastrillo pretende acercar a la ciudadanía la realidad de mujeres que, gracias a pequeños proyectos productivos, logran sacar adelante a sus familias». — Ana María Salgado. Coordinadora del Comité de Voluntariado TDS Ourense.
Conectar para transformar
La jornada arrancó con música — Ruth da Silva, voluntaria del comité, tocando la guitarra junto a otros aficionados, creando el ambiente que mejor define lo que este rastrillo quiere ser: un espacio de encuentro donde la solidaridad se disfruta. La actividad Fotos con Alma — un mensaje personal, una fotografía espontánea, una tarjeta con una frase positiva y un té de comercio justo — fue el símbolo de esa apuesta: la sensibilización no se impone, se propone.
La respuesta de Ourense fue clara. El Concello, Afundación ABANCA, los comercios del barrio, las librerías, las peluquerías — toda una comunidad que se reconoció en lo que el comité propone y que demostró que la solidaridad, cuando se vive de cerca, no necesita grandes discursos.
Más allá de la Alameda
Pero el alcance del rastrillo fue más allá de quienes se acercaron ese día. La prensa local, la radio, los medios religiosos — voces muy distintas que coincidieron en lo mismo: esto merece contarse. Porque eso es también lo que hace el voluntariado cuando trabaja bien: no solo moviliza a la ciudadanía, sino que abre conversaciones en capas de la sociedad que raramente se tocan. Un grupo pequeño, con recursos limitados, pero con una gran convicción y muchas ganas, capaz de llegar a todos los rincones de una ciudad.
«No solo es un rastrillo», dice Ana Salgado. «Los voluntarios buscan crear una experiencia que haga conectar a las personas, ya que es la mejor manera de llevar a cabo la sensibilización». Y en esa conexión está todo: la ciudadanía de Ourense que se acerca, las mujeres del otro lado del mundo que avanzan, y el hilo invisible que los une.
Porque cuando Ourense se une, una mujer en el mundo puede emprender.