En nuestro 25º aniversario, y con motivo de la celebración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, contamos cómo el impacto de empoderar a una mujer no se detiene en ella: se derrama, se multiplica y se convierte en cambio estructural.
María del Rosario llegó a la Red de Mujeres de Chulucanas, en Piura (Perú), buscando una salida. Hoy es vicepresidenta de la red de soporte de su distrito y dirige su propio negocio de impresiones y copias. Su historia es la de millones de mujeres en todo el mundo que se están convirtiendo en verdaderos referentes sociales.
A lo largo de nuestros 25 años de trabajo en Taller de Solidaridad, hemos aprendido algo que las cifras apenas rozan: el impacto de empoderar a una mujer no se detiene en ella. Se derrama. Se multiplica. Se convierte en red, en comunidad, en cambio estructural. Con 20 proyectos activos en 7 países, queremos contarte cómo funciona ese efecto dominó.
El punto de partida: la mujer que llega sin nada suyo
En todas las comunidades donde trabajamos, la historia empieza de forma muy similar: mujeres que no tienen ingresos propios, que trabajan sin que nadie lo llame trabajo, que han aprendido a pedir permiso para casi todo. Los números lo describen con una frialdad que duele.
- Más del 40% de las mujeres de Piura (Perú) no tiene ingresos propios. (Datos INEI)
- Solo el 51% de las mujeres en edad de trabajar de Quispicanchi (Cusco) participa en el mercado laboral. El 94% de ellas, en la informalidad. (Datos ENAHO)
- Solo el 53% de las mujeres cubanas en edad laboral trabaja. El resto carga el hogar sin que eso cuente como trabajo. (Datos ONEI y OIT)
- En Nicaragua, la economía del Corredor Seco expulsa especialmente a las mujeres más jóvenes y a las comunidades indígenas. (Datos Ayuda en Acción)
- En Bolivia, 2 de cada 3 mujeres de Ushpa-Ushpa eran analfabetas al inicio del proyecto. (Datos Siervas de San José)
Pero estos datos no son el problema: son el síntoma. El problema es la dependencia estructural que hace que la vida de las mujeres dependa de que otro quiera, pueda o decida. La verdadera solución pasa porque las mujeres dejen de necesitar que nadie les dé permiso.
El primer círculo: la familia que cambia desde dentro
El primer impacto de que las mujeres tengan formación, ingresos o autonomía no ocurre en el mercado laboral: ocurre en casa. En la comida en el plato de su familia, en las decisiones que ya no dependen de una sola firma, en la manera en que sus hijas ven que ellas pueden conseguir lo que se propongan.
«Ahora tengo mi propio huerto orgánico. Me siento orgullosa y segura.» Celestina Arispe García · Proyecto de Huertos Comunitarios · Ushpa-Ushpa, Bolivia
Celestina no dice solo que tiene verduras. Dice que se siente segura. La seguridad alimentaria es la primera capa del cambio: cuando una familia sabe que va a comer, puede pensar en lo siguiente. El proyecto de Huertos y Gallineros de Ushpa-Ushpa acompaña a 70 mujeres cuyos hogares —410 personas en total— han mejorado su nutrición directamente.
En Papúa Nueva Guinea, Lydia Akia lo aprendió en dos meses de formación en cocina y horneado en el Centro Talleres de Nazaret de Port Moresby. Lo que aprendió no se quedó en el aula.
«Durante la formación, aprendí diferentes recetas. Lo que aprendí, lo practiqué en casa para venderlo y ganar dinero para el pasaje del autobús. Estoy muy feliz porque puedo apoyar a mi familia con nuestras necesidades básicas.» Lydia Akia · Graduada de Cocina · Centro Talleres de Nazaret · Port Moresby, Papúa Nueva Guinea
El recorrido de Lydia es clásico y revelador: formación → práctica en casa → venta en el entorno → ingresos → autonomía → alivio de la carga familiar. En las 42 personas formadas a través de este proyecto desde 2024 —35 de ellas mujeres— ese recorrido se multiplica por 42.
El segundo círculo: de aprendiz a maestra
Hay un momento en nuestros proyectos que podríamos llamar de distintas formas —’apropiación’, ’empoderamiento avanzado’, ‘liderazgo comunitario’— pero que en la práctica significa siempre lo mismo: la participante empieza a enseñar. Ya no recibe; transmite.
Un caso muy claro es el de María del Rosario Silva Pasache, que llegó como participante al proyecto Emprendiendo por la Igualdad en Chulucanas, inmersa en un proceso para salir de una situación de violencia y dependencia económica. Con el tiempo se convirtió en referente, montó su propio negocio de impresiones y copias —”Mabris”— y hoy ejerce como vicepresidenta de la red de soporte del distrito, acompañando a otras mujeres en sus denuncias y motivándolas a unirse a la Red.
Este mecanismo está diseñado de forma explícita en algunos de nuestros proyectos. En Sembrando Libertad en Piura, 80 mujeres de la primera fase no solo consolidan sus propias habilidades: asumen el rol de mentoras de las 80 nuevas participantes de la segunda fase. Una red de 160 mujeres que se mantiene porque las que llegaron antes sostienen a las que llegan ahora.
- 160 mujeres en Piura: 80 consolidadas como mentoras + 80 nuevas en formación.
- 20 mujeres indígenas chorotegas en Telpaneca (Nicaragua) fortalecen redes locales de emprendimiento
- 75 mujeres en Quispicanchi (Cusco) construyen redes de apoyo para superar situaciones de violencia.
- En Colombia, jóvenes de Medellín que aprendieron programación ahora acompañan a otros en el barrio.
«Lo que aprendí en textil me permitió emprender y salir adelante.» Berna Guerrera · Emprendedora · Ushpa-Ushpa, Cochabamba, Bolivia
El tercer círculo: liderazgo que modifica estructuras
El círculo más difícil de medir —y el más importante— es el que ocurre cuando mujeres empoderadas no solo cambian sus vidas, sino la lógica de las relaciones en su comunidad. Cuando participan en decisiones que antes se tomaban sin ellas. Cuando los hombres de su entorno aprenden que el cuidado también es de ellos. Cuando una adolescente ve a una mujer liderar y piensa que ella también puede hacerlo.
En Piura, el proyecto Sembrando Libertad no trabaja solo con las 160 mujeres protagonistas. Involucra también a 60 hombres —familiares y líderes locales— en formación sobre nuevas masculinidades, equidad y corresponsabilidad en el hogar. Y a 200 adolescentes de escuelas de Morropón y Veintiséis de Octubre en actividades de reflexión sobre igualdad, derechos y ruptura de patrones de violencia.
- 1 proyecto en Piura genera impacto directo en 420 personas: 160 mujeres + 60 hombres + 200 adolescentes.
- En Cuba, nuestros talleres productivos modifican la percepción del trabajo femenino en el barrio.
- En Nicaragua, las mujeres indígenas chorotegas acceden por primera vez a planes de inversión y herramientas digitales.
- En Medellín, el acceso a formación técnica de mujeres en barrios vulnerables cambia el tejido económico del entorno.
«Tengo muchas expectativas. Los conocimientos que estoy adquiriendo me abrirán mejores oportunidades.» Isabel Blandón · Mujeres Programando el Cambio · Medellín, Colombia
Las oportunidades que Isabel busca para sí misma son exactamente las que su hija verá como normales. Y eso, en términos de transformación estructural, es mucho más que un logro individual.
25 años de efecto dominó: lo que suman los números
Cuando en Taller de Solidaridad sumamos nuestros 20 proyectos activos en 2026 obtenemos más de 1.796 personas beneficiadas directamente. Pero esa cifra es solo la primera ficha del dominó.
- Bolivia: 240 mujeres - 2 proyectos. 410 familiares directos mejor alimentados · Emprendimientos que generan ingresos en el barrio
- Colombia: +74 personas · 3 proyectos. Barrios de Medellín con mayor acceso a empleo y formación técnica cualificada
- Cuba: 26 personas - 2 proyectos activos. Mujeres que modifican la percepción del trabajo femenino en sus comunidades
- Filipinas: 43 personas · 1 proyecto. 40 mujeres con empleo estable en taller textil · Mujeres de barangays rurales con acceso a empleo digno
- Nicaragua: 220+ personas · 2 proyectos. Redes de emprendimiento indígena que se sostienen sin necesitar intermediarios
- Papúa Nueva Guinea: 305+ personas · 2 proyectos. Graduadas que enseñan en casa y generan ingresos que alivian la carga familiar
- Perú: +1.769 personas · 8 proyectos. 160 mentoras activas en Piura · 420 personas impactadas por 1 solo proyecto
La suma real de nuestros 25 años no cabe en ninguna tabla. No es solo el número de mujeres que han pasado por nuestros proyectos: es el número de mujeres que han enseñado a otras. El número de hijas e hijos que han crecido viendo a sus madres decidir, trabajar, liderar. El número de comunidades donde algo que parecía imposible —que una mujer dirigiera, que un hombre cuidara, que una adolescente soñara sin pedir permiso— ha dejado de serlo.
Se nota en Chulucanas, en Ushpa-Ushpa, en Port Moresby, en Medellín, en cada lugar donde una mujer que llegó buscando una salida se convirtió en la puerta de entrada de muchas otras.