El pasado 24 de octubre nos reunimos en O_LUMEN, una antigua iglesia reconvertida en espacio para las artes y la palabra, en el corazón de Madrid.
Una sala llena. El pasado, el presente y el futuro de TDS en el mismo espacio, con la ilusión y las ganas intactas de seguir al lado de todas esas mujeres con las que trabajamos. Éramos más de 100 personas — hermanas de la Congregación de las Siervas de San José, miembros del patronato, voluntariado de los comités, socias, financiadoras y equipo. Sara Escudero — mujer de extraordinaria sensibilidad y vínculo profundo con nosotras — fue la voz que lo conectó todo.
Eugenia Curto, presidenta de TDS — que llegó a este cargo desde el voluntariado —, dio la bienvenida con las palabras que marcaron el tono de la tarde: «Comenzamos el camino porque estábamos convencidas de que hay mujeres que mueven el mundo. Nos pusimos a soñar y desde el norte nos asomamos al sur y escuchamos los sueños de muchas mujeres. Y soñamos con ellas. Pasamos de ser mujeres soñadoras a mujeres emprendedoras».
Juana María Medina, vicaria general de las Siervas de San José, abrió la tarde junto a Eugenia con las palabras que definen lo que une a las dos organizaciones: «Juntas, juntos, hemos recorrido un camino, hemos aprendido a sumar capacidades y a descubrir que la solidaridad se hace más fecunda cuando nace del encuentro y del compromiso compartido».
Lo que empezó como una pregunta
Desde Colombia, en vídeo, llegó la voz de María Josefa Somoza Lázare, segunda presidenta de TDS, que estuvo en el equipo general de las Siervas de San José cuando se gestó la Fundación: «Sigamos soñando y compartiendo sueños. Vale la pena arriesgar, confrontarse y seguir creyendo que otro mundo mejor es posible».
María Virtudes Martín Jiménez — Mariví —, primera presidenta del patronato, también habló desde la distancia: «He podido contemplar cómo los sueños del inicio de nuestra andadura avanzaban con fuerza. Gracias a todos por vuestro trabajo e interés en mantener vivo el sueño tan querido de Taller de Solidaridad.»
En el café-coloquio, Gregoria Quico, Sierva de San José que coordina los proyectos en Bolivia, y Gerardo Castedo Valbuena, uno de los primeros miembros del Patronato y quien en 2002 puso en marcha el comité de Lugo, recordaron cómo era construir algo que todavía no existía. Gerardo habló de la mochila de entonces: «La ilusión del proyecto. Las ganas. Hay una frase que decimos muchas veces: otro mundo es posible. Yo estoy con un grupo que dice: otro mundo ya es. Ya lo habéis conseguido, ya lo estamos haciendo.» Y dejó una frase que se quedó en la sala: «Al miedo se le combate con amor.»
Lo que aprendimos caminando con ellas
Gregoria lleva años acompañando a mujeres en situaciones muy vulnerables hasta que llegan a empoderarse, y en ese camino ella también se transformó: «Mi opción por las mujeres, la forma de trabajar, de acompañar, ha ido cambiando. Para poder acompañar a otras mujeres a liberarse, yo como persona tuve que pasar por ese proceso de liberación. Ese es el cambio más grande».
Estrella García Fernández, coordinadora del comité de Málaga y voluntaria en Perú, Bolivia y Nicaragua, tiene claro lo que TDS le ha dado: «Me ha cambiado la vida, me ha dado otra forma de ver el mundo y de lo que podemos hacer». Lo que lleva años intentando transmitir a quienes la rodean es que la pobreza no es solo la imagen de un niño delgado. Es la mujer que no puede tomar una decisión porque no tiene medios económicos que la respalden. «Cuando ves que hacer un curso que te capacita en costura te permite ganar tu propio dinero y tomar las decisiones sobre tu propia vida — eso aquí no nos damos tanta cuenta, porque muchas mujeres hoy tienen su trabajo. Pero para ellas ese era el primer paso para elegir».
Paola Milán Restrepo, directora de la Institución Técnica San José Obrero de Medellín, habló de lo que pasa cuando una mujer entra en un proceso de formación integral: «Cuando llegan a la institución, viven un empoderamiento increíble. La mujer empieza a sentir su capacidad, su autonomía. El título es la forma, pero todo lo demás es el fondo. Y si no tienes el fondo, el título no tiene sentido».
Lo que viene
Jesús García-Consuegra, responsable de Cooperación Internacional de TDS desde 2010, habló de lo que 25 años de trabajo sobre el terreno te enseñan: «Durante mucho tiempo pensamos que con enseñar un oficio a las mujeres era suficiente. Pero hemos aprendido que eso es solo una puerta de entrada. Una mujer con un oficio necesita poder decidir qué hace con sus ingresos y rodearse de otras mujeres que la sostengan cuando las cosas no vengan bien. Lo que acompañamos son procesos, no proyectos».
Luego llegó Cristina Escribá Saus, voluntaria en Piura el año pasado y fundadora este año del comité de Valencia — el más joven de todos: «Fue tanto lo que dimos y lo que se nos dio, que volvimos todas con un sabor de boca muy dulce. Lo que viví allí no me lo podía quedar para mí, tenía que compartirlo».
Sara se dirigió entonces a Gerardo, que estaba entre el público: «Lugo 2002, Valencia 2026 — ¿algún consejo para Cristina?» Gerardo sonrió: «Seguiría creyendo en lo pequeño. En esta sociedad tan grandilocuente, donde todo es tan grande y tan rápido, ojalá en 25 años sigamos manteniendo ese poder de lo pequeño».
El cierre
La tarde se cerró con el vídeo conmemorativo — veinticinco años a través de los rostros y las historias de las mujeres que los han hecho posibles.
Rafael Veiga de Diego, coordinador de TDS desde antes de que tuviera nombre, tomó la palabra: «Más de la mitad de mi vida. Taller de Solidaridad es mi familia. Audacia frente al miedo. Solidaridad frente al egoísmo y al odio. Los que somos parte de TDS tenemos que ser agentes de cambio — porque tantas mujeres logren esa autonomía personal, económica, esa vida digna»
Eugenia cerró como había empezado — desde el corazón y mirando hacia adelante: «Nos vamos a ir de este encuentro con el corazón muy blandito. Hemos hecho mucho, pero todavía nos queda mucho por hacer. Con este corazón tan generoso, estoy segura de que vamos a continuar por lo menos 25 años más».
Pero la imagen que se queda no es esa — es la de sus rostros en la pantalla. Las que sostienen su casa, su barrio, su emprendimiento. Las que aprendieron que tener un ingreso propio cambia todo. Las que abrieron camino para otras.
La celebración sigue hasta final de año con las historias de las comunidades con las que caminamos en Bolivia, Colombia, Cuba, Filipinas, Guatemala, Nicaragua, Papúa Nueva Guinea y Perú, y con la Marcha solidaria de los comités.