Este 5 de diciembre celebramos el Día Internacional del Voluntariado visibilizando una realidad que muchas veces pasa desapercibida: el voluntariado internacional no termina cuando cierras la maleta. Lo que vives allí transforma tu forma de estar aquí.
En Taller de Solidaridad lo sabemos bien. Este año, cinco mujeres viajaron hasta Nicaragua y Perú para sumarse a nuestros proyectos de cooperación. Estrella y Mari Carmen estuvieron en Somoto; Cristina, Marisol y Lola, en Piura. Fueron con la intención de aportar y volvieron transformadas. Ahora, ese aprendizaje profundo enriquece su labor de sensibilización en España, trabajando con juventud en centros educativos, con mujeres emprendedoras, recaudando fondos desde sus comités de voluntariado. Y, además, estos viajes han abierto una nueva puerta: la posibilidad de ampliar nuestro trabajo aquí con personas migrantes, principalmente mujeres en situación de vulnerabilidad, dando continuidad al acompañamiento que hacemos en origen.
Hoy queremos celebrar el voluntariado dando voz a su experiencia, porque su historia muestra algo esencial: la solidaridad no tiene fronteras y lo que aprendes en un lugar ilumina tu camino en todos los demás.
Mirar con otros ojos: cuando la empatía deja de ser teoría
Estrella pasó un mes en comunidades rurales de Nicaragua donde las mujeres cargan leña, los niños traen agua del pozo y las abuelas crían a los nietos que quedaron solos porque los padres emigraron. Allí entendió algo que ahora le hace plantear nuevos horizontes: “He comprendido mejor a los que han tenido que dejar su tierra. Mi viaje me ayudó a ver que otra forma de colaborar es apoyarles aquí. Desde Taller de Solidaridad podríamos hacer más llevadera esa entrada en nuestro país con proyectos locales que supongan una ampliación de los que llevamos a cabo en sus lugares de origen”.

Mari Carmen lo expresa desde la emoción: “Traje la enseñanza de verlo reflejado, no es lo mismo que te lo cuenten”. Haber compartido mesa con las mujeres de las comunidades, cocinado en perol de lata, escuchado sus miedos y sueños, le dio algo que ningún informe puede dar: empatía real. “Ahora sensibilizo desde la experiencia, reforzando el vínculo que nos llevó y nos unió. Creer que otro mundo es posible, que la justicia social funciona, aportando nuestro granito de arena”. No es un eslogan: es una certeza nacida del encuentro.
Cuando trabajan en sensibilización con jóvenes en centros educativos españoles o con grupos de mujeres emprendedoras, hablan desde el poso que ha quedado en cada una de ellas de esas miradas, de esas historias compartidas, de esas experiencias vividas. Y esa autenticidad se nota, se transmite, transforma también a quienes las escuchan.
Los aprendizajes que cambian la forma de acompañar
Marisol colaboró en Piura en prevención del embarazo adolescente y la trata de personas. “Convivir con realidades tan distintas me enseñó a entender los contextos que llevan a una situación de vulnerabilidad”, cuenta. Ver de cerca las consecuencias de la falta de educación y la vulnerabilidad económica le mostró lo importante que es trabajar en prevención, aquí y allá. Ahora su labor de sensibilización en España tiene otra profundidad: ya no basta con informar, hay que comprender primero. Hay que escuchar sin presuponer. Esa sensibilidad cultural que trajo de Perú enriquece cada taller que imparte.
Lola estuvo en Piura compartiendo su experiencia con adolescentes y se encontró que eran ellos quienes le enseñaban. Chicos y chicas que estudian sin recursos, cuidan a sus hermanos después de clase, escriben pidiendo palabras bonitas y sonrisas. “La resiliencia no es un don: es un milagro cultivado con amor, con presencia y con esperanza”, descubrió. También aprendió algo que ahora aplica en cada encuentro de sensibilización: el valor de los silencios. “¿Cómo se puede aprender tanto del silencio? Silencios que transforman, que te permiten ver”. A veces lo más necesario no es llenar el aire de palabras, sino simplemente estar. “Entiendes que estás ahí para estar, para quedarte, para escuchar, para no rendirte. Eso ya es una forma de esperanza”.

Cristina vivió algo que le removió por dentro. Colaboró con 60 emprendedoras rurales en Piura, en unas formaciones de marketing digital y conoció la realidad de estas mujeres participando en distintos proyectos sociales. Mujeres que luchan cada día contra la violencia machista y la precariedad. Escuchó testimonios durísimos de violencia de género y trata, pero también vio redes de apoyo poderosas, mujeres que se sostienen unas a otras. “Me tuve que contener las lágrimas, pero lo que más me impactó fue ver que el cambio es posible cuando nos apoyamos, cuando creamos redes, cuando compartimos conocimientos”. Esa certeza ahora guía su forma de sensibilizar: “trabajo en equipo, liderazgo para potenciar las habilidades de otras personas, apertura mental…” Se trata de crear espacios seguros, de fomentar la sororidad. Porque lo aprendió allí y sabe que funciona igual aquí.

Una nueva puerta se abre: dar continuidad al acompañamiento
Estos viajes han despertado en las cinco voluntarias, y en Taller de Solidaridad, una reflexión profunda. El trabajo de sensibilización en España es fundamental: educar a la juventud, acompañar a emprendedoras, recaudar fondos para los proyectos de cooperación. Pero existe la posibilidad de ir más allá.
Las personas con las que trabajamos en Nicaragua y Perú o en cualquiera de los países en los que estamos presentes —principalmente mujeres en situación de vulnerabilidad— a veces llegan a España buscando mejores oportunidades. Traen consigo el dolor de dejar atrás su tierra, su familia, sus costumbres. ¿Y si pudiéramos acompañarlas también aquí? ¿Y si nuestro trabajo de cooperación pudiera tener continuidad en proyectos locales que las reciban, las orienten, las apoyen en su proceso de integración?
Es algo que aún se está definiendo, pero estos viajes han abierto esa puerta. Han hecho visible la conexión entre allí y aquí, entre partir y llegar, entre cooperación y acción local. Las cinco voluntarias lo sienten: el voluntariado internacional y el voluntariado en España no son dos cosas separadas, sino dos momentos del mismo compromiso por la justicia social.

El voluntariado que transforma dos veces
Hay una paradoja hermosa en el voluntariado internacional: das y recibes, enseñas y aprendes.
Marisol lo resume: “Mi experiencia en Perú me aportó una forma de mirar, actuar y acompañar que ahora enriquece mi labor en España”. Lola habla de “una huella profundamente transformadora”. Mari Carmen de “empatía y vínculo reforzado”. Estrella de “mayor comprensión”. Cristina de que “ya no soy la que era”.
Este 5 de diciembre, Taller de Solidaridad celebra el Día Internacional del Voluntariado reconociendo a estas cinco mujeres y a todas las personas que dedican su tiempo y su energía a construir un mundo más justo. Celebramos la coherencia de entender que la solidaridad no tiene fronteras, que acompañar a las personas puede significar hacerlo en todo su recorrido vital: allí donde nacieron y aquí donde a veces llegan.
Porque al final, como dice Lola citando sus reflexiones desde Piura, “en medio del ruido, alguien te mira, diferente. A veces un ‘gracias’ te sacude; una sonrisa te da sentido. Eso ya es una forma de esperanza y de vida”.
Y esa esperanza compartida es lo que hace del voluntariado algo más que una acción puntual. Lo convierte en un compromiso vital, en una forma de habitar el mundo. Aquí y allá. Siempre.