El proyecto apícola cusqueño premiado por transformar a más de 125 familias
La gran mayoría la consideraban una actividad complementaria, prácticamente residual. Pocos pensaban que la apicultura se consolidaría como un elemento articulador de una cadena de valor sostenible, que hoy en día ya está generando desarrollo económico, empleo diversificado y liderazgo comunitario en la provincia peruana de Quispicanchi. Esta apuesta por la apicultura andina circular, que hemos impulsado desde Taller de Solidaridad junto a la Asociación Jesús Obrero-CCAIJO, con el apoyo de la Generalitat Valenciana, ha sido reconocida y galardonada en el II Concurso de Buenas Prácticas del Gobierno Regional de Cusco, en la categoría de Desarrollo Económico.
Tras dos años de intenso trabajo con 200 personas —en su mayoría mujeres de origen quechua— de los distritos de Andahuaylillas, Huaro, Quiquijana y Cusipata, los resultados hablan por sí solos. Lo que comenzó como como un desafío en un territorio donde la apicultura era incipiente, con producción escasa y de baja calidad, se ha convertido en una experiencia transformadora: 125 familias campesinas organizadas en tres asociaciones apícolas —Miski Miel, Kusimiel y Miski Jana— han aumentado su productividad de 18 a 26 kilos por colmena y sus ingresos anuales han pasado de 3.500 a 5.000 soles. Pero quizás el dato más revelador es que el 60% de estos emprendimientos son liderados por mujeres.
Cuando la innovación se encuentra con la tradición
“Antes vendíamos miel por botellas, ahora vendemos identidad y futuro”, resume uno de los lemas del proyecto. La clave ha estado en implementar buenas prácticas apícolas, un sistema de control sanitario participativo y módulos de cría de reinas que mejoraron tanto la genética como la productividad de las colmenas.
“Gracias al concurso Procompite conseguimos una carpa para cosecha, un decantador y envases de vidrio. Antes la mayoría envasábamos en plástico, una práctica poco saludable y nada amigable con el medio ambiente. Ahora procesamos con envases de vidrio”- Américo Huamán Quispe, apicultor de la asociación Miski Miel.
Por otro lado, la construcción de una planta piloto en Andahuaylillas marca un hito en la región y supone un esfuerzo colectivo extraordinario. “El presupuesto del proyecto no cubría todo. Acudimos a los municipios de Urcos, Andahuaylillas y Huaro, que nos apoyaron con cemento, presupuesto y materiales. También asumimos créditos individuales todos los socios para comprar el terreno, que ya está prácticamente a nombre de la asociación”, destaca Américo.

Un ecosistema económico completo
El proyecto no solo ha fortalecido la producción de miel, sino que ha generado un ecosistema económico local completo. Elizabeth Miriam Huamán Quispe, sastra local, encontró en el proyecto una nueva línea de negocio.
“CCAIJO nos dio capacitación para confeccionar uniformes para apicultores. Me facilitaron una máquina multiagujas para poner elásticos anchos en los pantalones, que impiden que las abejas entren. Esto es importante porque trabajo con dos colaboradoras que son madres solteras y necesitan este ingreso constante”.

Por su parte, Yony Huamán Zúñiga, carpintero, ha fabricado hasta la fecha unas 80 colmenas para el proyecto y muchas más para apicultores locales.
“La conexión con los apicultores es muy cercana. Imagínate traer una colmena completa desde Cusco, es un volumen bastante grande. Aquí estamos cerca y cualquier cosa que se malogre, lo reparamos”.
Para Yony, ver producir miel en sus colmenas tiene un significado especial: “Es un producto natural del campo, y nosotros que trabajamos en la carpintería con mucho polvo de serrín, consumimos borra de chicha con miel para protegernos”.

Sostenibilidad con rostro humano
El proyecto ha demostrado que la sostenibilidad no es solo un concepto, sino una práctica con nombres y apellidos. En lo económico, las asociaciones gestionan un fondo rotatorio comunal que reinvierte las utilidades en nuevas colmenas. En lo ambiental, se han reforestado 12.000 plantones melíferos en cuatro distritos, asegurando floración permanente y fortaleciendo los ecosistemas locales.
Y en lo social, 75 mujeres y 30 jóvenes lideran procesos de transformación, comercialización y reforestación. El liderazgo femenino ha crecido del 25% al 60% durante estos años. Además, el 73% de los productores ya han diversificado su oferta: de la miel han pasado a elaborar propóleo, jabones, bálsamos y velas naturales, productos que generan mayor valor agregado.
Un reconocimiento que mira al futuro
El premio del Gobierno Regional de Cusco no es solo un reconocimiento al pasado, sino un impulso para el futuro. Juan Carlos Sacsa, coordinador del nuevo proyecto apícola que continúa esta línea de trabajo, destaca la importancia del galardón.
“Este concurso significa para nuestra institución el reconocimiento del Estado y la sociedad civil. La visibilización de estos logros es fundamental para los sujetos de derechos en los que concentramos nuestros esfuerzos. Esta experiencia exitosa impulsa la innovación y el trabajo colaborativo, aportando de manera específica al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.
Las metas para 2026 son ambiciosas: consolidar la Agenda Apícola Provincial, impulsar el sello ‘Miel Sostenible del Cusco’ para garantizar trazabilidad y calidad, y replicar el modelo en seis distritos adicionales a través del Comité Interdistrital Apícola de Quispicanchi, que coordinará acciones entre asociaciones y gobiernos locales

Alianzas que sostienen el cambio
El éxito de esta iniciativa demuestra el poder de las alianzas estratégicas. CCAIJO brindó asistencia técnica y acompañamiento organizativo; las municipalidades aportaron viveros, ferias y logística; las asociaciones apícolas asumieron la gestión de producción y venta; Agroideas y Procompite cofinanciaron equipos; universidades locales participaron en investigación; y la cooperación internacional, que impulsamos desde TDS, con el apoyo de la Generalitat Valenciana, fortaleció la sostenibilidad institucional.
“La alianza no se firma, se teje con confianza y trabajo conjunto”, señalan desde el proyecto. Y añaden: “Cuando la apicultura se gestiona con enfoque de derechos, género y sostenibilidad, no solo produce miel, sino esperanza. Esperanza en la economía familiar, en el liderazgo de las mujeres y en la relación armoniosa entre las personas y la naturaleza”.
Como concluyen desde CCAIJO: “Cuidar las abejas es cuidar la vida, la cultura y la igualdad. En nuestro trabajo creemos que el buen trabajo —Allin llank’ay— conduce siempre a una buena vida —Allin kawsay“.