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Día a día con las “nuas”

Día a día con las “nuas”

 

Niñas que proceden de comunidades que forjan su futuro a base del trabajo intenso de la suela de sus pies, de la rugosidad de la palma de sus manos, y la capacidad de aguante de su espalda.

Niñas que hacen de su “enamorado” el estandarte de su vida, apenas con 14 o 15 años, y que, muchas veces, ven su amor truncado, con el paso de los años y unos cuantos hijos ya, cuando su marido decide tomar una segunda esposa; algo aquí permitido, siempre y cuando, el padre de familia pueda mantener a todos sus hijos.

Niñas responsables y trabajadoras, acostumbradas a ayudar a su familia, poco después de dar sus primeros pasos.

Niñas curiosas, que se sorprenden por el color y rizo de nuestro cabello, por las pecas de mi piel, por nuestra forma de hablar y por nuestra forma de vivir.

Pero, sobre todo, niñas cariñosas, que nos dan la mano o nos cogen del brazo tímidamente, al acercarnos a conversar con ellas. Que nos han acogido desde el principio con su sonrisa, ternura e ingenuidad.

Por eso, aquí, en esta escuela-internado, reciben una educación integral, donde, sin perder su identidad cultural, se les brinda una formación que les permita tener la posibilidad de cambiar un futuro, que parece ya marcado por la sociedad donde han nacido. Se trata de que tengan libertad de elección, tanto si quieren echar raíces en su comunidad, como si desean echar a volar.

Como escribí en la anterior entrada, es un centro que acoge a niños y niñas, pero, puesto que nuestro trabajo diario es con las chicas, centraré esta entrada en su día a día; si bien es cierto, no dista mucho de la rutina de los niños.

Su día es un día largo, se levantan muy temprano, al despuntar el alba, para empezar las tareas poco después de desayunar; unas tareas aprendidas de las mayores, que les enseñan a cuidar a los cuys y las gallinas, a quitar la hierba con el machete, herramienta que todos poseen y que manejan como si hubiesen nacido con ella, a barrer los caminos…

 

A las ocho empieza su jornada escolar; en esas aulas que se abren a la selva, a una naturaleza que les invita, a veces, a escuchar sus sonidos y a observar el movimiento de algún insecto que revolotea, o las aves que pasan de largo batiendo sus alas. A pesar de ello, las niñas escuchan atentas, pero, a menudo, su timidez les impide participar, algo muy importante en el trabajo que estamos haciendo con ellas. Nosotras impartimos clases de inglés a las alumnas de Secundaria, donde principalmente trabajamos la conversación y pronunciación.  También hacemos asambleas, conversamos sobre su futuro y sus posibilidades, nos preguntan sobre nosotras, nos hablan sobre sus inquietudes… y, muchas veces, nos emociona escucharlas, cuando nos cuentan que quieren un chico que las valore, que las quiera y que las trate bien, que desean formarse para tener un buen futuro, y, sobre todo, que quieren ser libres para elegir su vida.

Tras un descanso de veinte minutos a las once, vuelven a las aulas para dar la última clase antes de comer. A las doce y media, se escucha un timbre y un gran revuelo de risas y voces, indica que la hora de almorzar ha llegado. En el comedor, que se encuentra al lado de la cocina, enfrente de una gran explanada verde, es donde se juntan los niños y niñas para comer. Con sus platos, hacen cola para recibir el alimento necesario para continuar la jornada que aún les queda por delante. Normalmente, suele ser arroz con frijoles y un juguito que refresca sus gargantas.

Tras recoger las mesas y colocar las sillas, mientras cantan una canción de gracias, se dirigen al río, el Chiriaco. Un río que les proporciona agua para lavar sus platitos y ropa, diversión mientras nadan y se aventuran en su corriente, y un lugar para distraerse de sus quehaceres diarios, y disfrutar como niñas que son.

Tras esa hora de risas y juegos, vuelven por el sendero a sus habitaciones para cambiarse, puesto que entran en el agua con su ropa, la tienden, peinan su cabello y vuelven a las clases.

Por las tardes, además de las clases normales, de matemáticas, inglés, etc., tienen talleres: de costura, donde aprenden a coser y confeccionar el uniforme que utilizan en las clases de la mañana; de arte, donde aprenden a fabricar elementos de su cultura, como collares, cinturones, aretes…

Antes de la cena, que es a las cinco y media, disfrutan de un tiempo libre en el que tejen “chompas”, chaquetitas para sus hermanitos o el de alguna amiga (algo que les encanta, sobre todo a las más pequeñas), juegan al voleyball, bailan, corretean, o, simplemente, se sientan a conversar con sus amigas.

Después de cenar, tienen clases de reforzamiento hasta las ocho y media, donde repasan matemáticas, comunicación… No sabemos si sacarán todo el rendimiento que puedan a este apoyo, puesto que es una hora en la que ya están cansadas, pero es un programa que se les ofrece desde el gobierno, y , como tal, se imparte.

Y a última hora, se acuestan en sus camas, arropadas y  acompañadas en sus sueños por la madre Asunta o la madre Teresa, que se turnan cada semana para dormir con ellas.

Durante estas dos semanas aquí, hemos hecho muchas actividades con ellas, de las que os hablaré en otra entrada, cuando termine nuestra estancia aquí.

Desde que llegamos, tanto Josefina como yo, hemos sentido el cariño de las niñas, con sus abrazos, besos, preguntas, sus saludos cada vez que nos ven, y sus carreras para acercarse a nosotras cuando nos ven a lo lejos. Además del trabajo que desde aquí, la madre Elvira nos propuso, las clases de inglés y las asambleas, también nos gusta estar con ellas en sus ratos libres, para compartir chapoteos en el río, para jugar con la pelota en el coliseo, para que nos pinten la cara con achiote (un fruto con los que los awajun pintan sus caras), para bailar marineras y canciones propias de su cultura awajun y wampi, o, simplemente, para sentarnos con ellas, y disfrutar de sus risas y caras de sorpresa al hablar con ellas.

Son “nuas” que ayudan, comparten, sonríen, respetan, y, a pesar de que no todas encuentran su camino, son luchadoras y fuertes. “Nuas” que nos han llegado al corazón, y están empezando a instalarse allí.

Diana Crespo. Perú – 2017

6 Comentarios, RSS

  • Veronica

    comenta:
    22 julio, 2017 a las 3:48 pm

    Como me alegra tener noticias tuyas!!!!! Bonita entrada explicando tu trabajo, con el cariño que tú siempre pones. Un abrazo y un beso muy fuerte de parte de María y mío.

    • Diana

      comenta:
      13 agosto, 2017 a las 5:16 pm

      Muchas gracias por leer Vero, después de tres semanas sin acceso a un ordenador, esta semana contaré más cositas. Un besazo enorme para las dos

  • Veronica

    comenta:
    22 julio, 2017 a las 3:48 pm

    Como me alegra tener noticias tuyas!!!!! Bonita entrada explicando tu trabajo, con el cariño que tú siempre pones. Un abrazo y un beso muy fuerte de parte de María y mío.

  • Belén

    comenta:
    1 agosto, 2017 a las 9:15 am

    Que bonito Diana!!! Seguro estaréis disfrutando vosotras y ellas de teneros allí. Os mando un beso enorme a las dos

    • Diana

      comenta:
      13 agosto, 2017 a las 5:18 pm

      Hola Belén, la verdad es que estamos disfrutando y aprendiendo mucho de esta sociedad, tan compleja como interesante. Espero que tu estés genial por Medellín, ya intercambiaremos experiencias, un besazo enorme

  • Diana

    comenta:
    15 septiembre, 2017 a las 12:23 am

    DIANA QUERIDA CREO QUE SE HAN QUEDADO EN TU CORAZÓN,
    COMO EL INTERNET ES LIMITADO, RECIÉN EMPIEZO A LEER Y ME ENTUSIASMA, ME EMOCIONA,…
    INTENTO VERLO DESDE FUERA Y DESDE DENTRO, GRACIAS, SIENTO QUE «LA ANTESALA AL PARAÍSO» SE NOS QUEDA Y AQUÍ EN ESTE RINCÓN DE LA SELVA INTENTAMOS QUE SEAN FELICES Y, SOBRE TODO, QUE SE QUIERAN. UN ABRAZO GRANDE.

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