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En Cuba trabajando junto a la comunidad

Este año cuatro salmantinos,  David, Inés, Laura y Andrea, se integraron en Taller en el Sur y participaron en la formación previa, su destino ha sido Cuba, donde se involucraron con comunidad de las Siervas de San José y participaron allí en las actividades propias de la comunidad; en este momento TdS no cuenta con ningún proyecto en la zona. Ellos también nos cuentan su experiencia.

En Cuba trabajando junto a la comunidad. David

 

Llegaba la hora de separarnos y comenzar la misión diocesana. Según nos lo habían pintado las hermanas, nos parecía algo duro que nos supondría mucho esfuerzo y penurias, sin embargo las condiciones de la misión sobre todo respecto a alimentación han debido de ser mejores que otros años, también la preparación de los misioneros: Por ejemplo en nuestra sede había tres ventiladores, ya de por sí, Carrillo no ha sido una sede con excesivo calor, pero es verdad que con un ventilador en cada habitación no solo no se llevaba mejor el calor sino también se combatía mucho la presencia de mosquitos. Tampoco hemos visto mucho insecto, quizá alguna cucaracha corretear por el piso de la casa, pero es entendible, la casa era relativamente modesta y estábamos en mitad del campo, nada que se escapase de lo previsto. La comida abundante, monótona pero abundante y de verdad que la cocinera ha dedicado mucho esfuerzo y cariño siempre con nosotros. La familia que se había ofrecido para facilitarnos la preparación de las comidas se ha portado estupendamente con nosotros y han sido encantadores y acogedores.

Carrillo, nuestra sede, es una población de unos 5000 habitantes, que basa su economía en la agricultura de la caña de azúcar y en el campo. No tiene muchos servicios, las tiendas justas para cubrir las necesidades básicas. Las calles son de tierra, sin nada de tráfico, apenas hay un par de carros en la población, mucha carreta de caballos y algún tractor que a duras penas  parece querer seguir funcionando. La iglesia está bastante abandonadilla y en estado de semiruina y eso afecta a la comunidad de fieles, que han ido poco a poco apartándose del templo y refugiando su fe en las imágenes de la Virgen de la Caridad y de San Lázaro que pudimos encontrarnos casi en cada casa. El trabajo de la misión era complicado pues partíamos de una comunidad bastante desmotivada.

Nuestros ocho días allí han sido intensos, un periodo de tiempo muy breve pero muy activo: Reactivar las celebraciones diarias en el templo, actividades con niños, jóvenes y adultos, visitas  puerta por puerta a diario, al principio un poquito a ciegas pero a partir del segundo día ya intentando centrarnos en todas aquellas personas ancianas, enfermas o con dificultades. Aunque no hemos visto casos graves de miseria y pobreza, mi impresión es que hemos convivido en un lugar modesto, con gente con dificultades económicas bastante importantes pero orgullosos ante todo y trabajadores: Los jóvenes empiezan muy pronto a trabajar en el campo o en los Cayos cercanos, las mujeres no descansan nunca, siempre trabajando en las tareas del hogar, como dicen los cubanos, inventando para sacar el día a día a duras penas. Y a pesar de todas estas dificultades, acogedores, cariñosos, generosos y amables. Independientemente de la religión profesada o de las creencias, te acogen en sus casas, te invitan a pasar y sentarte, te escuchan y te cuentan… me ha sorprendido mucho el acogimiento…antes de saber quién eres y por qué estás en la puerta de su casa llamando a las 9 de la mañana un Domingo, te invitan a pasar y sentarte, dejan sus quehaceres, apagan su radio o su aparato de televisión  y te escuchan pacientemente. Si cuadra, te invitan a café o a alguna de las poquitas cosas que puedan ofrecerte y conversan, conversan mucho y te descubren la realidad de un país que lucha día a día por sobreponerse a una difícil situación económica, a la falta de libertades y a las miras de un futuro incierto.

La respuesta de los jóvenes a nuestras actividades ha sido estupenda casi desde el primer día. Nuestro balón azul enseguida empezó a llamar la atención en una población donde el deporte rey es la pelota (beisbol) Los cinco jóvenes de la primera tarde se convirtieron en 10 la segunda, en 18 la tercera y en más de 25 la última. Hasta el día que cayó la mayor tromba de agua que jamás he podido ver, en mitad de un campo de hierba compartido con las gallinas y un par de caballos, descalzos, sin camisetas…los muchachos dijeron que de allí no se movía ninguno, que había que seguir jugando entre resbalones y regateando los excrementos de los caballos…Acabamos todos calados y sucios hasta los huesos, pero se les veía contentos. Han seguido compartiendo momentos con nosotros, las noches de carnavales, los paseos hasta el río para ir a darnos un chapuzón, las dinámicas y juegos por la tarde y por la noche, el campeonato de dominó, la proyección del cortometraje del Circo de las mariposas, hasta comenzaron a aparecer por las celebraciones de la iglesia en honor a la Virgen de la Caridad, patrona de Cuba. Creo que aunque muy breve, el trabajo humano y social realizado ha sido bueno,.quizá no permita recoger muchos frutos, quizá para ellos no suponga más que una semana donde han salido un poquito de la rutina diaria, pero compartir con ellos estos días ha sido una experiencia genial… para nosotros.

Ayer derrotados del cansancio y del infernal viaje en camión, por caminos impracticables, llegamos a Santa Clara, nuestro lugar de descanso estos días. Por delante ya poquito, vamos a ayudar a las hermanas a llevar la novena de la Virgen de la Caridad a tres pequeños pueblos y después tres días más en Jarahueca, donde podremos seguir compartiendo momentos con los jóvenes de allí.

David. Cuba 2016

En Cuba trabajando junto a la comunidad. Inés

 

Aquí os dejamos nuestra impresión de la misión, cómo lo pasamos y un pequeño resumen de lo que hicimos allí. Yo y Andrea fuimos enviadas a Viñas, un pueblecito pequeño con no muchas casas pero donde nos recibieron muy bien. LLégamos en unos camiones en los que no habíamos montado nunca y fuimos dejando a la gente de los pueblecitos de al lado hasta llegar al nuestro. Al bajar, el portal de la casa donde nos hospedábamos estaba lleno de gente, nosotros estábamos muy cansados por lo que cenamos todos juntos y nos fuimos a descansar.

En los días que estuvimos allí por las mañanas madrugábamos para realizar la oración y a continuación nos dividíamos para salir a la misión, que consistía en salir a visitar casas del pueblo y alrededores, rezar por sus enfermos y hacerles un poco de compañía, especialmente a aquellas personas que vivían solas y necesitaban hablar. Al llegar de la misión cada día teníamos una misa en la cual podía participar todo aquel que lo deseara, ya que en el pueblo no había capilla ni iglesia y allí podían acudir a orar. Las tardes las invertíamos en realizar actividades para niños, darles catequesis, jugar con ellos a través de diferentes dinámicas y darles de merendar. Para ser un pueblecito tan pequeño acudieron bastantes niños y nosotros estábamos muy contentos. También, cuando bajaba el sol, acudíamos al campo de fútbol para jugar con los chicos más mayores, que les costaba un poco más acercarse a donde estábamos.

Para los adultos, cada noche había dinámicas y charlas llevadas a cabo por los responsables de la sede de misión, la gente lo agradecía y les solían pedir más momentos de reunión. Mientras, los más jóvenes del grupo nos acercábamos al parque con la guitarra para estar un rato más con los chicos y chicas de nuestra edad y así poder compartir con ellos nuestra labor. Alguna de las noches pudimos proyectar unas películas para todos los públicos y realizar un torneo de dominó, estos días fueron un éxito, acudían jóvenes y adultos, y hablando con ellos todos nos dijeron que habían disfrutado mucho de estas actividades.

Laura y David realizaron su actividad en otro pueblo un poco más grande que Viñas. Un pueblo con gente muy trabajadora que desde la adolescencia trabaja en el campo. A diferencia de lo que ocurre en las ciudades, en el campo los adolescentes se dedicaban más a trabajar que a estudiar. En el pueblo en general no se veía tanta pobreza, había casos aislados. Una de las cosas que más me ha llamado la atención y no solo del pueblo de Carrillo, sino en general de Cuba, es lo bajo que son los sueltos comparados con los de España; un profesor de educación física cobraba al mes 16 CUC que con la equivalencia al euro serían aproximadamente 16 euros, obviamente se tenía que dedicar en sus ratos libres a otros trabajos o a vender cosas para poder llegar a final de mes.

En general ha sido una gran experiencia para nosotras, nunca antes habíamos participado en nada parecido y poder compartir tiempo, casa y momentos  nos ha servido para valorar más a las personas. Hemos visto gente que verdaderamente necesitaba que alguien fuera a visitarla, que le diera apoyo y cariño y ha sido una gran satisfacción poder formar parte de esta misión.

Inés. Cuba 2016

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