Gledys Esmilda Melgara López es madre soltera, apicultora y emprendedora en Santo Domingo, Telpaneca, Nicaragua. Participa en el proyecto Jóvenes Constructores que impulsamos de la mano de INPRHU-Somoto con el apoyo de la Comunidad de Madrid, la Xunta de Galicia y el Ayuntamiento de Madrid.
Gledys vive en Santo Domingo, en el departamento de Madriz, en el corazón del Corredor Seco Centroamericano. Una comunidad donde las familias han sobrevivido gracias a la agricultura y al café, y de guardar lo cosechado para mantenerse el resto del año. Pero la crisis climática ha cambiado esa ecuación: las lluvias llegan tarde, la floración se retrasa, los rendimientos caen. «Años atrás teníamos buenas producciones de café, maíz, frijoles. Hoy en día el rendimiento es bastante bajo debido a la sequía que hemos tenido».
En ese contexto, Gledys tenía un plan: irse. Dos hijos, madre soltera, sin oportunidades a la vista. La emigración no era un sueño — era lo que parecía la única salida. Hasta que llegó otra oportunidad.
«En un momento tomé la iniciativa de irme a Panamá, donde me decían que iba a ganar más». Gledys Esmilda Melgara López· Proyecto Jóvenes Constructores · Madriz, Nicaragua.
Eso es trabajo para hombres
Cuando INPRHU llegó a su comunidad con el proyecto, una compañera fue a buscarla. «Me animó, me dijo: es bonito trabajar con esto. Yo sé que usted lo lograría porque es una mujer que sale adelante». Gledys lo consultó con su familia. La respuesta fue clara: «En aquel entonces decían: eso es trabajo para hombres. Las mujeres no se pueden dedicar a ese rubro».
Lo había escuchado toda la vida. Pero esta vez decidió no creerlo. «Me dije: voy a probar, voy a demostrar que las mujeres sí podemos.» Y entró al proyecto. No solo aprendió apicultura — aprendió a tomar decisiones, a escuchar, a trabajar en equipo. Y fue en las propias colmenas donde encontró la mejor metáfora: «Fijándome en cómo trabajan, en cómo se comunican entre ellas. Fue una de las cosas que me enseñaron».
Ahí van las cazabejas
Hoy Gledys tiene 16 colmenas — 11 productivas y 5 cámaras de cría. Su negocio se llama Api Miel y vende miel en envases de distintos tamaños y cera; además distribuye a otras emprendedoras que hacen champú y velas. Ya tiene su logo, pero aún le falta el registro sanitario. Lo tiene en mente. «Dentro de cinco años me veo distribuyendo miel no solo en ferias, sino en un supermercado. Con mi propia marca registrada».
Pero lo que más le enorgullece no es el negocio — es el cambio que ha provocado a su alrededor. Un cambio que va más allá de lo económico: es también un cambio de mentalidad y de relación con el medio ambiente. La comunidad que antes les tenía miedo a las abejas, que las llamaban “malvadas” y las mataban con insecticida, hoy comprende que sin ellas no hay polinización, no hay cosecha, no hay futuro. Hoy la llaman a ella cuando aparece un enjambre. «Nos dicen: miren, en tal parte está un enjambre, quisieran que lo fueran a sacar». Y como tiene el negocio en casa, todo el mundo sabe ya a dónde ir a buscar miel.
Los hombres que antes decían que la apicultura no era para mujeres, hoy les piden que pongan las colmenas cerca de sus cultivos. «Nos ayudan a nosotros, y nosotros les ayudamos a ustedes». Quedarse, demostrar que las mujeres pueden, y cuidar las abejas: tres decisiones que han cambiado algo en Santo Domingo.
Pero Api Miel no se ha quedado solo en la comunidad: su negocio ha sido reconocido a nivel municipal y ha participado en ferias departamentales. Esta oportunidad, dice Gledys, le ha abierto muchas puertas — no solo como apicultora, sino como emprendedora y referente. Su hijo mayor ya la acompaña a hacer capturas de enjambres silvestres. «Él ya está aprendiendo. Le encanta andar acá.» Y su otro hijo, con capacidades diferentes, este año terminará la primaria.
No te vayas
Gledys lleva cuatro años ahorrando en un grupo de autoahorro llamado La Cajita del Ahorro. Este año lo logró: construyó su casa. El sueño con el que empezó todo — «tener mi propia casa, vivir bien con mis dos hijos, independizarme» — ya es real.
Y la mujer que hace unos años quería irse a Panamá tiene hoy un mensaje muy claro para cualquier joven de su comunidad que esté pensando lo mismo: «Yo le diría: no te vayas. Para superarnos podemos hacerlo desde nuestras comunidades. Pienso que al final iba a ser una locura haber emigrado. Hoy tengo mi propio negocio, mi propio emprendimiento. Tengo lo que quería. Cumplí con mis metas y no fue necesario emigrar».
«Aprovecha las oportunidades. No todos los días se nos presentan. Y desafía a las limitaciones. Los hombres pueden, las mujeres podemos. Lo que las mujeres podemos, igual los hombres.» Gledys Esmilda Melgara López· Proyecto Jóvenes Constructores · Madriz, Nicaragua.
