Voluntariado en Bolivia. Espacios para crecer y reconstruirse

Ya llevo dos semanas impartiendo apoyo académico a los niños y niñas y a las mujeres que asisten al centro. Es una suerte esta experiencia de acompañar a niñas y niñas que presentan dificultades académicas, y más hacerlo de manera individualizada, día tras día, llevando un seguimiento académico. 

Esta experiencia me ha ayudado a comprender que la realidad de la infancia aquí es más compleja y que depende de otros factores con los que hasta el momento no me había encontrado en mi vida profesional en España. Muchos de estos pequeños y pequeñas se enfrentan a situaciones muy complejas, algunos sufren déficit afectivo lo que influye de una forma negativa en su rendimiento escolar. 

Aun así, son unos luchadores y luchadoras que no pierden las ganas de aprender, acuden al aula de apoyo mostrando mucho interés y enseñándonos sus cuadernos para que veamos todo lo que han hecho y sintiéndose orgullosos de sus avances. Esta es una colaboración muy especial: observar sus ganas de aprender, cómo van avanzando… es de lo más gratificante.

La colaboración con las mujeres ha sido una novedad para mí; había trabajado con menores y por primera vez estoy dando apoyo a mujeres. La experiencia me está encantando y lo que más me conmueve es sentir la fuerza y el interés por aprender que tienen, pese a las situaciones tan complejas a las que se enfrentan cada una de ellas. Esta experiencia me está haciendo crecer a nivel personal y profesional.

Es una maravilla ese espacio tranquilo y confortable que ha creado la hermana Aquela. Un espacio donde estas mujeres pueden desarrollar sus capacidades y adquirir nuevas habilidades que les ayudarán en su vida diaria y les permitirán acompañar a sus hijos en los deberes escolares. Y no tiene precio el sentir a cada rato sus muestras de agradecimiento, a través de sus palabras y sonrisas.

Pero hoy quería profundizar un poco más y en esta entrada os quería acercar la realidad a la que se enfrentan estas mujeres, y para ello, os voy a compartir la historia de dos mujeres con las que estoy pasando muchos momentos estos días. Ambas son mujeres luchadoras.

La primera de ellas es una mujer fuerte, valiente y decida. Una mujer digna de admiración que tuvo que migrar a España tras un accidente laboral de su marido que trabajaba en la construcción. Ese accidente le dañó las piernas y los médicos le dijeron que debía ser operado o se quedaría paralitico en una silla de ruedas. Ante esta situación ella decidió migrar a España en busca de trabajo para conseguir el dinero necesario para la operación. Trabajó en Madrid a lo largo de cuatro años como cuidadora de una persona dependiente y realizando las tareas domésticas. No solo ahorró para la operación, también para dar la entrada de su casa en Cochabamba. Su intención era quedarse más tiempo para terminar de pagarla, pero sus dos hijos le pidieron que volviera porque su marido no se encontraba bien y corriera el riesgo de tener problemas con la bebida. Ella sin pensarlo dos veces hizo la maleta y se volvió. Como ella misma dice “tenía que volver a salvar a mi familia”. Y así fue: volvió, su marido se recuperó, ella comenzó a trabajar y pudo estar cerca de su pareja y de sus hijos que, como no puede ser de otra manera, se sienten orgullosos de lo que ha hecho. Su marido la valora como mujer y sus hijos la ven como un ejemplo a seguir.

Otra de las historias que os quiero transmitir refleja la realidad tan dura a la que muchas mujeres se enfrentan en Bolivia y en muchos otros países, la violencia de género, que en algunos casos extremos concluye en feminicidio. Estamos ante una lacra social y un grave problema de salud pública que ve incrementados los casos constantemente. Con las hermanas veo las noticias y no pasa un día sin que comenten el caso de una mujer que ha sufrido violencia. La segunda mujer de la que os voy a hablar es una mujer trabajadora que además cuida de sus hijos, algunos de ellos aún pequeños. Una mujer que está sumida en una profunda depresión y que en muchos momentos no ve salida a su situación. La semana pasada me pidieron las hermanas que hablara con ella, no fue fácil para ella transmitirme lo que sentía, entre lágrimas nos abrazamos y así estuvimos un buen rato. Estos días he sido consciente de como el miedo puede tener un efecto paralizante que no te permite reaccionar para poner límites a una situación de violencia. Pero también he sido testigo de la gran fortaleza de estas mujeres y de las ganas de vivir y de luchar por sus hijos. Algunas de ellas incluso tienen que escuchar de personas muy próximas comentarios como este: “Que habrás hecho cuando tu marido te pega” y pese a esto sacan fuerzas para seguir adelante.

Salir de esta situación es complejo y por ello, es vital el apoyo que esta mujer y muchas otras reciben en el proyecto que atiende Lily y sus compañeras. Un proyecto en el que reciben atención psicológica y asesoramiento legal.

En Bolivia se han dado los primeros pasos legales para luchar contra la violencia de género gracias a la aprobación el 9 de marzo de 2013 de la Ley 348 “Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida libre de Violencia”. Una ley que protege a las mujeres de cualquier tipo de violencia. Ahora es la sociedad boliviana la que tiene el desafío de conocerla, difundirla y vigilar su aplicación.

¡Ojalá que muchas de estas mujeres puedan encontrar un apoyo como el que se brinda en los proyectos en los que estoy colaborando!.

Por mi parte, y hasta mi regreso a España, seguiré aportando mi granito de arena y contribuyendo a ofrecer a estos niños, niñas y mujeres el cariño y las herramientas que estén en mi mano para ayudarles a superar las dificultades y a salir adelante.

Marisol Almendro García. 

Julio 2023. Cochabamba Bolivia

5 comentarios en “Voluntariado en Bolivia. Espacios para crecer y reconstruirse”

  1. Gracias, Marisol por tu testimonio, no solo de las historias de dolor y lucha por su vida y dignidad de estas dos mujeres, sino también por compartir el impacto que produce en ti esta experiencia de voluntariado.

  2. Ánimo Marisol ,vas a recibir mucho más que dar ,son tan valientes esas mujeres Gracias por acercarnos con tu vivencia a esas realidades

  3. Maravillosa experiencia Mari Sol. Tu descripción me acerca a esos niñ@s y mujeres que conozco y tengo en mi corazón. Aprovecha para VIVIR lo más que puedas y ya nos los transmitirás personalmente en Guadarrama. Un abrazo

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