Voluntariado en Bolivia. Mis últimos días en Bolivia

 En mi segunda semana en Bolivia, seguí acompañando a la hermana M.ª Carmen en el proyecto en Monte Olivos. Pude compartir con nuestras emprendedoras tanto sus clases de confección como de gastronomía.

Aunque la actividad seguía un poco ralentizada; el gobierno había ampliado una semana más el periodo vacacional, la participación de las mujeres seguía aumentando. En breve se comenzarían las nuevas inscripciones. Pude comprobar que además de las mujeres que participaron en el anterior curso y que siguen con muchas ganas de continuar aprendiendo y preparándose, también se presentaron nuevas aspirantes que alentadas por vecinas y amigas querían comenzar a asistir a las clases.

Uno de los inconvenientes que tienen estas mujeres para participar en las clases, es donde dejar a sus hijos en el tiempo que pasan en el proyecto. Para solucionar dicho problema, tanto en el centro de Monte Olivos como en el de Alto Litoral, se realizan cursos de refuerzo escolar para los niños y niñas mayores y para los pequeños se cuenta con una cuidadora que les cuida mientras sus madres estudian. Como es normal, los más pequeños algunas veces se descontrolan un poco, pero para eso está la hermana M.ª Carmen que, cargada de un montón de paciencia, mucho cariño y mano izquierda, los sabe tranquilizar.

En Monte Olivos, hay un caso verdaderamente duro. En una niña que debe rondar los dieciséis años con Síndrome de Down. Su madre no está en el proyecto, pero ella ha encontrado allí un refugio donde sentirse a gusto. Quiere mucho a la hermana Mari Carmen, porque le trata con mucho cariño, y creo que ni en su casa ni en su entorno nadie le trata igual. Su vocabulario es muy reducido prácticamente nulo, se comunica con una especie de gruñidos incomprensibles. Los demás niños la rehúyen, aunque tiene 16 años su mente es muy infantil y no sabe medir su fuerza, por lo que a veces les ha hecho daño y eso ha provocado la queja de sus madres. Ella siempre espera la merienda; una de las cosas que se hace es ofrecerle todos los días un almuerzo o merienda saludable. En ocasiones esta merienda está compuesta de yogur y de fruta o cereales. Algunos llegan a casa y les cuentan a sus madres emocionados que han comido algo muy rico que no saben lo que es. Y es que muchos de ellos nunca han probado el yogur.

También pude compartir con las mujeres una tarde en una de las reuniones del grupo de ahorro que me resultó sumamente interesante. Las mujeres gestionan una cooperativa de crédito donde ellas son sus propias banqueras. Cada semana ingresan lo poco o lo mucho que hayan ahorrado haciendo casi sin darse cuenta su pequeña hucha. Al final de año o antes si lo necesitan recuperan lo ahorrado y también guardan para una cesta que compartirán todas. Ese fondo también permite a las mujeres pedir préstamos que van devolviendo como pueden con un interés mínimo.

Los dos últimos días de mi voluntariado, junto a mi compañera Marisol, impartí una clase sobre temas de emprendimiento económico. Como saber si el negocio que nosotros queremos iniciar nos resultará rentable, que problemas nos podemos encontrar, como resolverlos, etc. Marisol hizo la introducción de lo que significa emprender y yo le hablé de temas económicos. Aunque era un tema quizás demasiado técnico para su nivel de formación me escucharon con mucha atención y espero que algo de lo que yo les conté les pueda servir en el futuro. Al final de la charla, les contamos un cuento para que les ayude reforzar su autoestima, creer en ellas mismas y superarse. Cuya moraleja pretendía hacer ver que: no hay que escuchar a las personas que nos dicen que no podemos lograr lo que queremos y que nos rindamos; hay que apoyarse en las personas que siempre nos ayudan y sobre todo siempre hay que confiar en una misma. Aunque no les haya quedado en su cabeza nada de los temas más técnicos, espero que estas tres enseñanzas si las asimilen y las tengan siempre presentes.

En el centro de Alto Litoral, después de la charla, las mujeres de la clase de costura nos hicieron una pasarela donde nos mostraron orgullosas los vestidos y la ropa que habían confeccionado para sus hijos y para ellas. Es bonito ver como caminan orgullosas con sus creaciones, diseñadas y confeccionadas francamente bien.

Después, como es de costumbre, nos deleitaron con una pequeña merienda que habían preparada en la clase de gastronomía.
Por desgracia, ya no me ha dado tiempo a más, el lunes muy temprano salía mi vuelo de vuelta a España. Aunque breve, ha sido una experiencia muy gratificante y sé que no he podido hacer todo lo que yo hubiera querido, pero me conformo con haber podido conocer y compartir mi tiempo con personas tan extraordinarias, como las hermanas Mari Carmen, Aquela, María Luisa y Amelia, y las profesoras Lili, Angelica, Martha, Lizbet, Carla, Jaqueline, Casta, Genesis y Santos. Espero no haberme olvidado a nadie.

Isabel Ridao Menchero

Julio 2023. Cochabamba Bolivia

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