Un cielo gris plomizo nos recibió en el aeropuerto Jorge Chávez de Lima. Nada más desembarcar ya nos esperaba Gregoria, la coordinadora provincial de las Siervas de San José en Perú, junto al señor León, su chófer de confianza. Y la primera advertencia: nada de dejar bolsos a la vista y los seguros bien cerrados. Debo reconocer que tanta precaución, la poca luz de la ciudad y las casas sucias, por la falta de lluvia y de medios para mantenerlas, me generó un sentimiento de melancolía, que me ha acompañado todo el tiempo.
Pero al entrar en la casa provincial de las Siervas, la luz apareció de repente de la mano de quince mujeres, de esas, en las que cualquier mujer nos gustaría vernos reflejadas, ya seamos religiosas o ateas. Mujeres fuertes, de ideas claras, acostumbradas a tomar decisiones y experimentar duros reveses de la vida, pero que han sido capaces de mantener la sonrisa, la dulzura y la alegría. Jóvenes que rondan los ochenta años, cuando no los sobrepasan, pero que siguen activas y dinámicas como si lo de cumplir años no fuera con ellas. Un grupo que atesora tantas vivencias e historias, que bien merecen una entrada propia, y la tendrán.
De su mano fuimos conociendo un poco mejor la realidad de Perú. Gregoria, la más joven de la Siervas, una peruana de unos cincuenta y tantos años, nos mostró la ciudad de contrastes en la que vive. En un mismo día pasamos del barrio acomodado de Miraflores a la dureza de las colinas del barrio de Los Olivos.
De los bloques de pisos con vistas al mar y lujosos centros comerciales, a las casas mal construidas en las laderas de tierras tan inseguras como desérticas.
Delia es un claro ejemplo de ello. Profesora jubilada, voluntaria de los Josefinos Laicos, acude varios días por semana al centro que tiene la Asociación Casa Betania en esas colinas de Los Olivos para dar clases de apoyo y de lectura a los pequeños del barrio. Gracias a ella pudimos adentrarnos en esta realidad, porque acceder a esta zona sin ir de la mano de alguien conocido por la comunidad no es demasiado recomendable.

La sonrisa de estas niñas y el deseo de labrarse un fututo me ayudó a mirar aquella realidad de otra manera. La pobreza, la inseguridad, la necesidad, la tristeza seguía estando ahí, pero me habían demostrado que a pesar de todo, las ganas de mejorar y la esperanza de conseguirlo nunca se deben perder.

También recorrimos de noche la espectacular Plaza de Armas, que Gregoria ya nos había mostrado el día anterior. Con esto pusimos el broche a tres días intensos, de sentimientos encontrados, pero bien aprovechados.
Yolanda Lojo
Checacupe-Perú
22-8-2018 a 22-9-2018





Felicidades! Gracias por tú mirada! Con ganas de leer más! Un beso ?
Qué bonito lo cuentas, Yolanda! Qué días más intensos! Cuántos aprendizajes aporta esta maravillosa aventura del voluntariado con TdS! Impregnando todas esas sensaciones, el maravilloso ejemplo de vida que nos dan las Siervas. Como tú dices, siempre jóvenes. Que tengáis muy buen viaje a Checacupe, allí también os esperan muchos regalos. Un abrazo enorme para vosotras y para aquellas gentes de las alturas!!
Me llena de emoción leer estas líneas, encierra la dedicación, el esfuerzo por estar con el prójimo y brindar el amor de hermanos…, así como el compromiso de ser Laica Josefina se nutre y despierta más…
Un abrazo especial y bendiciones para tal labor.
Flor de María.
Que bien Amigas, por el recorrido he, me alegra mucho el haber conocido la realidad de nuestro Perú, y haber visitado lugares que nos compromete a verlo con otra mirada.
Abrazo Delia.